Respuesta pediátrica ante desastres naturales está condicionada por la edad y el desarrollo 

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Dra. Nerián Ortiz, presidenta de la Sociedad Puertorriqueña de Pediatría. Foto original de PHL.

Los desastres naturales pueden representar un impacto significativo para la población pediátrica, tanto desde el punto de vista físico como emocional. Sin embargo, la manera en que un niño responde ante un huracán, terremoto u otra emergencia puede variar de acuerdo con su edad, etapa del desarrollo y necesidades particulares.

La Dra. Nerián Ortiz, presidenta de la Sociedad Puertorriqueña de Pediatría, destacó que estos factores deben ser considerados al momento de preparar a los niños y adolescentes ante posibles situaciones de emergencia. “Es sumamente importante considerar la edad y la etapa del desarrollo en que se encuentran los niños”, quien enfatizó que la preparación debe adaptarse a la capacidad de comprensión de cada menor.

De acuerdo con la presidenta, la comunicación sobre un desastre natural debe ajustarse a lo que el niño puede comprender. En los niños en edad escolar, por ejemplo, los adultos pueden explicar qué significa un huracán o un terremoto y qué medidas se tomarán para mantenerlos seguros.

La especialista también resaltó la importancia de identificar a aquellos menores que tienen necesidades especiales, ya que pueden requerir estrategias adicionales de preparación y protección. Los desastres naturales pueden generar estrés, ansiedad y pérdidas, por lo que la respuesta de cada niño debe observarse de manera individual.

La protección también es emocional

Más allá de las medidas físicas de seguridad, la Dra. Nerián Ortiz subrayó que los adultos cumplen un papel fundamental en la manera en que los niños enfrentan una emergencia. “Los niños son un reflejo de lo que le enseñamos, así que ante todo hay que mantener la calma”. Hablar con los menores de acuerdo con su edad, mantener una comunicación abierta y transmitirles seguridad puede ayudar a que comprendan mejor lo que ocurre sin incrementar innecesariamente sus niveles de miedo.

Para la especialista, “hacer que los niños se sientan protegidos por los adultos que los acompañan es parte esencial de la preparación ante un desastre”. La prevención pediátrica no debe comenzar cuando ocurre el desastre. La Dra. Ortiz hizo énfasis en que las familias deben prepararse previamente y considerar tanto las necesidades físicas como emocionales de los menores.

En este contexto, la preparación debe contemplar las características particulares de cada niño y establecer de antemano las medidas necesarias para mantener su seguridad durante y después de una emergencia. La especialista recordó que “la preparación familiar constituye una herramienta fundamental para reducir el impacto de los desastres naturales sobre la salud pediátrica”.

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