La circunferencia de cintura, la masa muscular, la presión arterial y los triglicéridos pueden revelar riesgos que todavía no aparecen en los laboratorios, explica la Dra. Leticia Hernández, endocrinóloga especializada en el manejo de la obesidad y expresidenta de la Sociedad Puertorriqueña de Endocrinología y Diabetología.
Hablar de salud metabólica no implica mirar únicamente el peso corporal o los niveles de glucosa. Para la especialista, la evaluación de una persona que vive con obesidad requiere una mirada más amplia que permita identificar alteraciones metabólicas y funcionales antes de que aparezcan complicaciones clínicas evidentes.
La Dra. Hernández señala que las investigaciones recientes sobre el manejo de la obesidad han llevado a ampliar la forma en que se evalúa a estos pacientes. “No debemos dejarnos llevar solo por el índice de masa corporal, sino que también debemos tomar en consideración otras medidas como son la circunferencia de cintura o la razón entre la circunferencia de cintura, estatura o de circunferencia de cintura y caderas”.
La cintura como marcador de riesgo metabólico
Uno de los indicadores que cobra especial importancia es la circunferencia de cintura, debido a su relación con la acumulación de tejido adiposo visceral.
La especialista explica que una persona puede presentar resultados aparentemente normales en determinados análisis de laboratorio y, aún así, tener un riesgo metabólico aumentado. “Esto implica cuál es el riesgo metabólico del paciente. Aunque todavía nosotros no tengamos unas señales a nivel de laboratorio de que este paciente, por ejemplo, está teniendo resistencia a insulina, tiene un riesgo mayor de hígado graso”.
Según la Dra. Hernández, una mayor acumulación de tejido visceral o grasa ectópica puede modificar el comportamiento de las células adiposas. “Es una célula adiposa que va a producir más adipoquinas, más citoquinas. Hay también cambios en términos de lo que es la resistencia insulina y todo esto tiene un efecto que tarda muchas veces en producir evidencia en términos de laboratorios”.
Por eso, identificar estos factores antes de que se manifiesten claramente en las pruebas de laboratorio representa una oportunidad para intervenir de manera temprana y reducir el riesgo metabólico.
No solo importa cuánto músculo hay, sino cómo funciona
La evaluación de una persona con obesidad tampoco debería limitarse a determinar cuánto peso ha perdido o ganado. La masa muscular y su función forman parte de la valoración que propone la endocrinóloga. “Debemos evaluar también lo que es la calidad y la cantidad muscular del paciente, o sea, la masa muscular del paciente a la hora de considerar lo que es la trayectoria de ese paciente en su proceso”.
Pero la cantidad de músculo no es el único elemento relevante. “También debemos evaluar lo que es la función muscular, porque de esto va a depender cuál va a ser la funcionalidad, la estabilidad de ese paciente, tanto en el presente como en el futuro”.
Esta mirada resulta especialmente importante cuando se plantea una intervención para reducir peso, ya que una pérdida rápida puede estar acompañada de una reducción importante de masa muscular.
Una enfermedad que puede comprometer múltiples sistemas
La obesidad también debe evaluarse considerando las condiciones clínicas que puede favorecer o acompañar. “Sabemos que la obesidad puede causar o promover el desarrollo de más de 200 condiciones clínicas”.
Por ello, la evaluación puede incluir parámetros como triglicéridos, presión sanguínea, riesgo de apnea del sueño, osteoartritis y otras complicaciones.
La especialista también destaca un componente que en ocasiones queda fuera de la evaluación tradicional: el estado emocional. “Algo bien importante también el estado emocional del paciente porque es parte de lo que debemos tomar en consideración a la hora de determinar en qué estadío está este paciente”.
La Dra. Hernández explica que determinadas señales pueden indicar que el metabolismo ya está enfrentando alteraciones, incluso antes de que se establezca una enfermedad. Entre ellas menciona la presión arterial elevada, manifestaciones de resistencia a la insulina como la acantosis nigricans y alteraciones en los lípidos.
También destaca el papel de los triglicéridos dentro de esta evaluación y explica que, cuando coinciden varios factores como aumento de la circunferencia de cintura, alteraciones de glucosa en ayunas, triglicéridos elevados, colesterol HDL bajo y problemas de presión sanguínea, puede existir un riesgo cardiometabólico aumentado. “Este paciente cuando tiene tres de estos criterios sabemos que tiene un riesgo cardiometabólico aumentado”.
Para la especialista, el objetivo no es esperar a que todas estas alteraciones estén presentes, sino identificar el riesgo con suficiente anticipación para intervenir.
La evaluación de la salud metabólica, por tanto, requiere mirar mucho más que el número que aparece en una báscula o un resultado aislado de glucosa. La circunferencia de cintura, la composición corporal, la función muscular, los parámetros cardiovasculares, las posibles complicaciones y el estado emocional forman parte de una valoración integral de la persona que vive con obesidad.









