Tumor hipofisario raro comprime el quiasma y altera las hormonas

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Las lesiones selares pueden provocar alteraciones hormonales y visuales, pero su apariencia en la resonancia no siempre permite establecer el tipo de tumor. La confirmación requiere análisis histopatológico.

Los pituicitomas son tumores poco frecuentes que se originan en células gliales especializadas de la neurohipófisis o del infundíbulo. Representan menos del 0,1 % de las masas selares y supraselares y suelen crecer lentamente. Sin embargo, su ubicación puede provocar compresión de estructuras cercanas, alteraciones hormonales y problemas visuales. Como las imágenes no permiten diferenciarlos con certeza de un adenoma hipofisario, el diagnóstico definitivo depende del estudio histopatológico.

El paciente masculino de 48 años consultó por disfunción eréctil, disminución de la libido, aumento de peso y cefaleas recurrentes. La evaluación evidenció signos de hipogonadismo, ginecomastia y reducción del volumen testicular. Los análisis hormonales mostraron hipogonadismo hipogonadotrópico, hipotiroidismo central, elevación de prolactina y disminución de IGF-1.

La resonancia magnética identificó una masa selar y supraselar de aproximadamente 17 × 20 × 27 mm, que comprimía el quiasma óptico y estaba en contacto con las arterias carótidas internas. Inicialmente se interpretó como un macroadenoma y se indicó cabergolina, además de levotiroxina. Sin embargo, la prolactina descendió de forma excesiva y el paciente no experimentó una mejoría significativa de los síntomas de hipogonadismo. La lesión continuó creciendo durante el seguimiento, hasta alcanzar 22 × 21 × 29 mm, acompañada de deterioro del campo visual.

Ante la progresión radiológica y visual, se realizó una resección mediante craneotomía temporal derecha. El análisis del tejido identificó una neoplasia de células fusiformes de bajo grado, con expresión de TTF-1, vimentina y S100, y un índice proliferativo Ki-67 inferior al 5 %. Estos hallazgos confirmaron el diagnóstico de pituicitoma, grado 1 de la clasificación de la Organización Mundial de la Salud para tumores del sistema nervioso central.

Después de la cirugía, el paciente presentó alteraciones transitorias de la memoria a corto plazo, insuficiencia suprarrenal secundaria y diabetes insípida. Los trastornos de memoria se resolvieron, pero persistieron deficiencias hormonales que requirieron tratamiento sustitutivo con hidrocortisona, levotiroxina, desmopresina y testosterona. La evaluación visual posoperatoria mostró mejoría en el ojo derecho.

Las resonancias de seguimiento a los cuatro y doce meses no mostraron crecimiento del pequeño remanente tumoral. Debido a su tamaño reducido y al comportamiento generalmente indolente de estos tumores, el equipo optó por vigilancia mediante imágenes periódicas, sin nueva cirugía ni tratamiento adyuvante inmediato.

El caso destaca la importancia de interpretar la hiperprolactinemia junto con las imágenes y el resto del perfil hormonal: la compresión del tallo hipofisario puede elevar la prolactina sin que el tumor sea un prolactinoma. Además, aunque los pituicitomas suelen ser benignos, su vascularización y proximidad a estructuras neurológicas pueden dificultar la resección y aumentar el riesgo de complicaciones. El seguimiento multidisciplinario resulta esencial para vigilar el remanente tumoral y manejar las secuelas endocrinas.

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