La psoriasis es una enfermedad inflamatoria cuyo tratamiento ha evolucionado con el desarrollo de terapias dirigidas a vías específicas del sistema inmunitario. Entre ellas destacan los inhibidores de las interleucinas IL-23 e IL-17, cuya selección requiere considerar tanto la respuesta clínica como las condiciones coexistentes, explicó el Dr. Axel Delgado, Dermatólogo y Vicepresidente de la Sociedad Dermatológica de Puerto Rico.
“Esto no simplemente es un eje. Son muchos ejes”, señaló el especialista al explicar que la inflamación psoriásica involucra una cascada de señales inmunológicas. La investigación ha permitido avanzar desde tratamientos generales hacia medicamentos que actúan sobre componentes más específicos de ese proceso.
De los tratamientos convencionales a las terapias dirigidas
El manejo de la psoriasis ha incluido tratamientos tópicos, como los corticosteroides, y medicamentos sistémicos menos específicos. Según el experto, las nuevas terapias intervienen en vías concretas de la inflamación, lo que puede contribuir a mejorar el aclaramiento de la piel y reducir la carga de las placas psoriásicas.
Los tratamientos tópicos también pueden conservar un papel complementario en pacientes que presentan lesiones localizadas. “En el pasado para tratar la psoriasis de manera sistémica se utilizaban ciertos inmunosupresores que entonces eran un poco menos específicos”, explicó el especialista.
IL-23 e IL-17 actúan en distintos puntos de la inflamación
La IL-23 participa en la actividad de células inmunitarias relacionadas con la producción de otras interleucinas, entre ellas la IL-17, que intervienen en la inflamación cutánea. El dermatólogo explicó que los inhibidores de IL-23 actúan en una fase más proximal de esta vía, mientras que los inhibidores de IL-17 intervienen en un punto más distal.
“Ambos son bien efectivos, pero los IL-17 van a actuar un poquitito más rápido que los IL-23”, afirmó el especialista. También señaló que los inhibidores de IL-23 suelen permitir una dosificación menos frecuente, mientras que algunos tratamientos dirigidos a IL-17 pueden requerir administraciones más frecuentes. Estas características varían según el medicamento y su pauta de administración.
Las comorbilidades orientan la selección terapéutica
La enfermedad inflamatoria intestinal, como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, es una consideración importante al elegir el tratamiento. El Dr. Delgado advirtió que los inhibidores de IL-17 pueden exacerbar estas condiciones en determinados pacientes, mientras que los tratamientos dirigidos a IL-23 pueden ser una alternativa para abordar ambas enfermedades, según la evaluación clínica.
“A esos pacientes yo les tengo que dar el IL-23, porque IL-17, los inhibidores de IL-17, me pueden exacerbar su condición gastrointestinal”, expresó el especialista. Por ello, la selección debe considerar las características individuales y, cuando corresponda, incluir la coordinación entre dermatología y gastroenterología.
Nuevas alternativas y barreras de acceso
El costo de las terapias inyectables y los requisitos de conservación y transporte pueden dificultar el acceso para algunos pacientes. Ante estos retos, el experto destacó el desarrollo de alternativas orales que podrían ampliar las opciones de administración.
No obstante, señaló que algunas podrían no alcanzar el mismo grado de aclaramiento cutáneo que determinados tratamientos inyectables. “Yo pienso que nuevas terapias para poder ofrecer alternativas al paciente sería lo ideal ahora mismo”, afirmó. La investigación continúa explorando nuevas vías inflamatorias y tratamientos que respondan a distintas necesidades clínicas.
El objetivo es avanzar hacia un manejo individualizado que considere la eficacia, las comorbilidades, la forma de administración y las barreras de acceso. La disponibilidad de diferentes estrategias amplía las opciones, pero la elección debe responder a las necesidades de cada paciente.









