“De hecho, el tratamiento y el manejo de la psoriasis ha cambiado mucho en poco tiempo”, afirmó el Dr. Luis Ortiz Espinosa, dermatólogo, presidente de Novaderm y de la Fundación Piel, al describir la evolución de las opciones disponibles para tratar esta enfermedad inflamatoria. El desarrollo de nuevas terapias ha permitido establecer metas de respuesta más ambiciosas, orientadas a lograr un control más amplio de las lesiones y una mejor calidad de vida.
De los tratamientos tradicionales a las terapias dirigidas
Hace varias décadas, el manejo dependía de alternativas como la fototerapia ultravioleta, las cremas con azufre o brea y los corticosteroides tópicos. Aunque estos recursos siguen teniendo un lugar en el tratamiento, podían resultar insuficientes..
“Los pacientes de psoriasis más extensa, sufrían mucho porque no hay manera que con una crema se controle algo que está en casi todo su cuerpo”, recordó el especialista. Con los avances de la investigación surgieron medicamentos sistémicos y terapias biológicas que actúan sobre mecanismos específicos de la inflamación, ampliando las posibilidades de controlar la enfermedad.
“Ya no pensamos en mejorar solo un poco los síntomas, sino buscar una respuesta, un aclaramiento de su condición de una manera más generalizada”, añadió el dermatólogo al explicar el cambio en los objetivos terapéuticos.
Qué significa alcanzar un PASI 90 o un PASI 100
El índice de área y gravedad de la psoriasis, conocido como PASI, evalúa la extensión y severidad de las lesiones mediante criterios como el enrojecimiento, el grosor y la descamación. La puntuación inicial sirve como referencia para medir la respuesta al tratamiento. “Mientras más alto era ese número, peor era su psoriasis”, explicó el experto.
Alcanzar un PASI 90 significa reducir en un 90 % la puntuación inicial, mientras que un PASI 100 representa una reducción del 100 %. Esta última respuesta es completa según la escala, pero no equivale a una curación definitiva ni garantiza que la enfermedad no vuelva a manifestarse.
“Se hablaba de un PASI 50, después se subió a 75, 90 y ahora tenemos hasta un PASI 100, que es una resolución completa”, señaló el especialista. Esta evolución refleja el aumento de las metas de respuesta clínica, aunque los resultados deben interpretarse junto con los síntomas y las necesidades individuales.
Más que aclarar la piel, mejorar la vida cotidiana
La respuesta al tratamiento también debe valorarse por su impacto en la vida diaria. Las lesiones pueden provocar picor, molestias y sangrado, además de interferir con actividades como trabajar, caminar o manipular objetos. El efecto puede ser considerable cuando afecta las manos, las plantas de los pies, las uñas o los genitales, incluso si la superficie comprometida es limitada.
“Implica un cambio enorme en la calidad de vida del paciente. También en el manejo de su condición”, afirmó el dermatólogo. También destacó que algunas terapias inyectables permiten espaciar las administraciones frente a esquemas tópicos diarios: “No es tan difícil ponerse una inyección cada dos semanas, o cada mes, o cada tres meses, que estar poniendo crema todos los días, dos veces al día”.

La frecuencia depende del medicamento y del esquema prescrito, pero reducir la carga de administración puede facilitar la organización de la vida cotidiana y el cumplimiento del tratamiento.
La meta terapéutica debe ajustarse a cada paciente
La extensión de las lesiones no es el único criterio para determinar la gravedad. La localización, los síntomas y la interferencia con las actividades cotidianas también influyen en las decisiones clínicas. Por eso, el especialista insistió en actuar oportunamente: “Tenemos que empezar más temprano, no esperar que la condición empeore mucho”.
Cuando la mejoría esperada no ocurre, el equipo médico puede reevaluar la respuesta y considerar otras alternativas. “Si hay uno que no nos está funcionando, tenemos la opción de movernos a otro, porque son diferentes moléculas y trabajan a través de mecanismos de acción diferentes”, explicó el dermatólogo.
El PASI 90 y el PASI 100 son metas de respuesta, no una garantía de que la psoriasis desaparecerá para siempre. La selección de la terapia debe considerar la evolución de las lesiones, los síntomas y la calidad de vida, con seguimiento clínico para ajustar el tratamiento cuando sea necesario.









