“La velocidad del crecimiento es más importante inclusive que la percentila en que se encuentran”. Esa es una de las principales claves que deben conocer los padres al evaluar el crecimiento de sus hijos, según explica el Dr. Carlos Leyva, endocrinólogo pediátrico y director del Servicio de Endocrinología del Puerto Rico Children’s Hospital
Un niño puede estar entre los más bajitos de su salón y, aun así, estar creciendo normalmente. La señal de alerta aparece cuando su crecimiento comienza a desacelerarse o cuando desciende progresivamente en la gráfica de crecimiento.
La gráfica cuenta una historia
Por eso, el seguimiento pediátrico no debe limitarse a medir cuánto pesa o cuánto mide un niño en una visita aislada. Lo importante es observar cómo cambia su crecimiento con el tiempo.

“Puede haber un niño que estaba en el 95 percentil y tal vez un año después estaba en la 75, luego bajó a la 50”, explicó el especialista. En cambio, un niño que permanece constantemente en un percentil bajo puede estar creciendo a un ritmo normal.
El peso también aporta información. Una ganancia insuficiente puede indicar problemas nutricionales o gastrointestinales que terminan afectando el crecimiento, por lo que peso, estatura e índice de masa corporal deben evaluarse conjuntamente.
No todo problema de crecimiento es hormonal
Cuando existe una desaceleración persistente, el pediatra puede considerar una evaluación endocrinológica. “Entre los estudios iniciales pueden incluirse análisis de sangre, función tiroidea, marcadores inflamatorios, IGF-1, IGFBP-3 y una radiografía de mano para determinar la edad ósea”, expresó el endocrinólogo. La evaluación busca distinguir una deficiencia de hormona de crecimiento de otras causas que también pueden afectar el desarrollo.
Además, la hormona de crecimiento se libera en pulsos, por lo que una medición aislada de esta hormona no permite diagnosticar por sí sola una deficiencia.
El seguimiento no debe esperar a la adolescencia
El Dr. Leyva enfatizó que la vigilancia debe comenzar desde los primeros años y mantenerse durante toda la infancia. Esto cobra especial importancia antes y durante la pubertad, cuando las placas de crecimiento comienzan a cerrarse y queda menos tiempo para intervenir.
“Si nos llegan a los 12 o 13 años, pudimos haber tratado al paciente más temprano y tener un mejor beneficio” expresó el experto. Por eso, su recomendación para las familias es sencilla: llevar al niño al pediatra al menos una vez al año, incluso cuando esté saludable, y verificar que peso y estatura estén siendo registrados en su gráfica de crecimiento.









