“El linfoma agresivo es potencialmente curable”, afirmó el Dr. Fernando Cabanillas al analizar los avances más recientes en esta enfermedad, dejando claro que el verdadero progreso no gira en torno a mitos, sino a diagnósticos correctos, clasificación precisa y selección terapéutica basada en riesgo.
En la conversación participaron el Dr. Cristian Rodríguez, hematólogo oncólogo con subespecialidad en trasplante de médula ósea y terapia celular; el Dr. Alexis Cruz Chacón, investigador del Centro Comprensivo de Cáncer; y el Dr. Cabanillas, director del Centro de Cáncer del Hospital Auxilio Mutuo y exlíder del programa de linfoma en MD Anderson Cancer Center.
Linfoma no es una sola enfermedad
Los especialistas enfatizaron que existen más de 50 subtipos de linfomas no Hodgkin, cada uno con comportamiento biológico y pronóstico distintos. Uno de los más comunes es el linfoma difuso de células B grandes (DLBCL), considerado de alto grado por su crecimiento rápido. Sin embargo, agresivo no significa incurable: su rápida proliferación puede hacerlo más sensible a quimioterapia.
También aclararon un concepto frecuentemente malinterpretado: el término “difuso” no indica que el cáncer esté diseminado, sino que describe el patrón microscópico con el que se observa el tumor al destruir la arquitectura normal del ganglio linfático.
La biopsia adecuada puede cambiar el rumbo del tratamiento
Uno de los puntos más contundentes fue que no todas las biopsias permiten un diagnóstico completo. La biopsia con aguja fina puede resultar insuficiente porque no evalúa la estructura del tejido. En contraste, la biopsia con aguja gruesa (core needle) permite analizar la arquitectura tumoral y distinguir entre subtipos como linfoma folicular o difuso, lo que impacta directamente la estrategia terapéutica.
Incluso cuando el tumor parece localizado, el tratamiento suele ser sistémico debido a la posibilidad de enfermedad microscópica en otras regiones. Por ello, estudios como PET-CT y, en algunos casos, biopsia de médula ósea forman parte del abordaje integral.
Factores pronósticos y terapias cada vez más dirigidas
No todos los pacientes reciben el mismo tratamiento. Marcadores como LDH elevada, beta-2 microglobulina y el subtipo molecular ayudan a estratificar riesgo y ajustar intensidad terapéutica.
El esquema R-CHOP continúa siendo el estándar en primera línea y logra curación en una proporción significativa de pacientes. Sin embargo, en casos de recaída o enfermedad refractaria, hoy existen alternativas innovadoras como anticuerpos biespecíficos, inmunoterapia y terapia celular CAR T, que ha demostrado respuestas duraderas en un grupo importante de pacientes.
En Puerto Rico, la terapia CAR T se administra a través del programa de trasplante del Hospital Auxilio Mutuo, ampliando el acceso a opciones de alta complejidad para pacientes con enfermedad resistente.
El mensaje central es claro: el avance real en linfoma no depende de eliminar un alimento específico, sino de diagnosticar con precisión, realizar la biopsia correcta y seleccionar la terapia adecuada según el perfil biológico del tumor. En esa combinación entre ciencia, tecnología y criterio clínico radica la transformación del pronóstico en esta enfermedad.









