Una mujer de 46 años sin comorbilidades conocidas consultó por 15 días de dolor abdominal intenso y vómitos, sobre un antecedente de tres meses de dolor sordo localizado en el hipogastrio. Una tomografía realizada previamente en otro centro había sugerido una perforación diverticular del sigmoides con colección localizada, por lo que recibió antibióticos sin resolución completa de los síntomas.
Ante la persistencia del cuadro y la discordancia entre los hallazgos clínicos y radiológicos, se realizó una nueva tomografía abdominal contrastada con contraste oral y rectal. El estudio mostró una colección de aproximadamente 3 × 3 × 4 cm cercana a la punta del apéndice, con cambios inflamatorios alrededor del apéndice y el sigmoides. Un fino trayecto de contraste rectal ingresaba al lumen apendicular, hallazgo que permitió sospechar una fístula apendicosigmoidea.
La colonoscopia fue diferida debido a la fase inflamatoria activa, la dilatación del intestino delgado y los cambios inflamatorios pélvicos, que aumentaban el riesgo del procedimiento. Posteriormente, durante una laparotomía exploratoria, se identificó una comunicación fistulosa entre la punta del apéndice y el sigmoides distal, mientras que la base apendicular permanecía sana. El íleon terminal estaba dilatado y adherido al sitio de la fístula.
Debido a la sospecha preoperatoria de perforación diverticular y a la incertidumbre sobre la extensión de la enfermedad, se realizó resección de aproximadamente 25 cm de colon sigmoide, anastomosis colorrectal y apendicectomía. Además, se creó una ileostomía de protección debido al edema y a la falta de preparación intestinal.
El análisis histopatológico mostró tejido de granulación y cambios inflamatorios tanto en el apéndice como en el sigmoides, sin divertículos ni evidencia de malignidad. La evolución posoperatoria fue favorable y la ileostomía se revirtió dos meses después. Al año de seguimiento, la paciente permanecía asintomática.
La tomografía con contraste rectal puede ser especialmente útil para sospechar esta entidad al demostrar el paso del contraste desde el sigmoides hacia el lumen apendicular. Sin embargo, la interpretación radiológica puede ser compleja y variar entre observadores, como ocurrió inicialmente en este caso. La identificación de una fístula es clínicamente relevante porque las estrategias quirúrgicas difieren cuando existe una causa benigna frente a una neoplasia.
El caso destaca que una fístula apendicosigmoidea debe considerarse ante colecciones pélvicas o inflamación sigmoidea de causa incierta, especialmente cuando existe antecedente de dolor abdominal recurrente. La evaluación de la etiología es fundamental, ya que las causas malignas requieren una resección oncológica más amplia, mientras que los casos benignos pueden tratarse con procedimientos más limitados.
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