“Aprender a nadar no sustituye la supervisión de los padres y cuidadores” – Dra. Nerian Ortiz

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Dra. Nerian Ortiz, pediatra y presidenta de la Sociedad Puertorriqueña de Pediatría. Foto tomada por PHL.

En Puerto Rico, donde los niños están constantemente expuestos a piscinas, playas, ríos y otros cuerpos de agua, desarrollar destrezas acuáticas puede ser una herramienta importante de prevención. Sin embargo, la Dra. Nerian Ortiz, pediatra y presidenta de la Sociedad Puertorriqueña de Pediatría, advierte que aprender a nadar nunca elimina el riesgo de ahogamiento.

“Cuando son pequeños, es importante que si los vamos a poner a coger clases de nadar, entendamos que son clases para aprender a sobrevivir”, explicó la pediatra.

El desarrollo determina cuándo aprender a nadar

De acuerdo con la especialista, a partir de los cuatro años, un niño saludable puede estar preparado para aprender a nadar, siempre que cuente con las destrezas necesarias de desarrollo motor grueso y fino, habilidades socioemocionales y capacidad para seguir instrucciones.

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En edades más tempranas, el objetivo puede ser distinto. “Desde mucho antes, nuestros infantes pudieran estar expuestos a recibir clases que los ayuden a sobrevivir”, señaló la especialista.

En un bebé de alrededor de seis meses, por ejemplo, pueden trabajarse destrezas como voltearse en el agua y flotar. Sin embargo, la pediatra enfatizó que “esto no significa que el infante pueda salvarse por sí solo de un ahogamiento”.

Familiarizarse con el agua no es saber nadar

La exposición temprana al agua puede ayudar al niño a familiarizarse con el ambiente acuático y desarrollar determinadas destrezas. Pero confundir esa familiarización con capacidad para nadar puede generar una falsa sensación de seguridad. “Siempre es importante que ese niño lo podamos tener al alcance de nuestra mano”, advirtió la especialista.

La supervisión directa de padres y cuidadores continúa siendo indispensable, incluso cuando el niño ha tomado clases o tiene experiencia nadando. “El ahogamiento puede ocurrir aún en los nadadores más experimentados”, recordó la especialista.

El riesgo, además, puede existir en cantidades muy pequeñas de agua: Hasta en dos pulgadas de agua un infante puede estar a riesgo de ahogarse, alertó la pediatra.

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Elegir bien dónde aprender

Las clases de natación o supervivencia acuática deben impartirse en programas certificados, con instructores capacitados en reanimación cardiopulmonar (RCP) y una proporción adecuada entre maestros y niños.

“Exhortamos a todos los padres a que se orienten con su pediatra para asegurar que identificamos el sitio ideal”, recomendó la experta.

Las destrezas acuáticas pueden reducir riesgos y aportar beneficios para el desarrollo y la actividad física, pero no sustituyen las medidas fundamentales de prevención. En una isla rodeada de agua, la supervisión adulta sigue siendo la primera línea de protección.

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