La salud sexual continúa siendo una de las dimensiones más olvidadas en la atención de las personas que viven con dolor crónico, a pesar de su estrecha relación con el bienestar físico, emocional y social. Así lo destacaron diversos expertos. “Todo lo que quieres saber sobre dolor y sexo y no te atreves a preguntar”, realizado en el marco del XXII Congreso de la Sociedad Española del Dolor (SED).
La Dra. Cristina Mena, uróloga y sexóloga del Hospital Universitario de Araba, enfatizó que los profesionales de la salud deben incorporar la sexualidad dentro de la valoración integral de los pacientes con dolor. “Los profesionales sanitarios debemos integrar la sexualidad en la valoración de los pacientes con dolor crónico. En mi ámbito, el dolor pélvico, pero también en cualquier proceso doloroso que pueda generar una disfunción sexual”, afirmó.
Los especialistas coincidieron en que el impacto del dolor crónico va mucho más allá de los síntomas físicos. Puede alterar la autoestima, las relaciones de pareja, la identidad personal y la forma en que una persona experimenta su sexualidad.
Según explicó la Dra. Mena, la transición de una vida saludable a convivir con una enfermedad crónica genera cambios profundos que suelen ser ignorados durante la atención médica. “El dolor modifica profundamente la vida de las personas. Cuando alguien deja de sentirse sano y pasa a convivir con una enfermedad crónica, cambian su autoestima, sus relaciones, su papel dentro de la pareja y su forma de vivir la sexualidad”.
Además, señaló que algunos tratamientos farmacológicos utilizados para controlar el dolor también pueden tener efectos negativos sobre la función sexual, lo que añade una carga adicional para los pacientes.
Falta de formación y persistencia de tabúes
Uno de los principales retos identificados durante el encuentro fue la escasa formación en sexualidad que reciben muchos profesionales sanitarios.
La especialista explicó que la enseñanza médica suele centrarse en aspectos biológicos y reproductivos, dejando de lado dimensiones relacionadas con el placer, la afectividad, la identidad y la diversidad sexual. “La sexualidad es mucho más amplia y requiere preguntas abiertas que vayan más allá del coito”.
Por su parte, la Dra. Rocío Barreira, psicóloga clínica de la Unidad del Dolor del Hospital Universitario de Araba, destacó que el objetivo no debe limitarse a evaluar si existe dolor durante las relaciones sexuales.“No se trata solo de hablar del dolor en la relación sexual, sino de cómo las personas con dolor crónico pueden afrontar y vivir su sexualidad”.
Los expertos defendieron la necesidad de fortalecer los equipos multidisciplinarios para ofrecer una atención más completa a estos pacientes.
Como ejemplo, la Dra. Mena destacó el trabajo desarrollado por el Comité de Suelo Pélvico del Hospital Universitario de Araba, donde participan urólogos, ginecólogos, psicólogos clínicos y otros especialistas. “Trabajar conjuntamente nos ha permitido ofrecer una atención mucho más integral y mejorar el manejo de estos pacientes”.
Asimismo, subrayó la importancia de crear espacios de confianza que permitan abordar temas relacionados con la sexualidad de manera natural durante las consultas médicas.
Dolor pélvico crónico y sesgos de género
La especialista también alertó sobre las dificultades que enfrentan muchas mujeres con dolor pélvico crónico, una condición cuyo diagnóstico puede tardar entre cinco y siete años antes de llegar a una unidad especializada.
Según explicó, persisten importantes sesgos de género que pueden llevar a minimizar o cuestionar el dolor cuando no existe una causa orgánica claramente identificable. “Con frecuencia, cuando no se identifica una causa orgánica clara, algunas pacientes sienten que su dolor es cuestionado o minimizado”.
Ante esta realidad, los especialistas recomendaron incorporar preguntas sencillas sobre sexualidad dentro de la entrevista clínica habitual y promover una visión más amplia de la salud sexual, especialmente en personas con enfermedades crónicas o limitaciones físicas.
Durante el simposio también se abordaron las diferencias biológicas entre hombres y mujeres en la percepción del dolor. El investigador Enric Verdú Navarro explicó que la evidencia científica muestra variaciones tanto en el dolor agudo como en el dolor neuropático y nociplástico.
Estos hallazgos podrían contribuir al desarrollo de tratamientos más personalizados, adaptados a las características individuales de cada paciente.
Los expertos concluyeron que reconocer la sexualidad como parte fundamental de la salud integral es un paso necesario para mejorar la calidad de vida de las personas con dolor crónico, una población que continúa enfrentando importantes barreras diagnósticas, emocionales y asistenciales.
Fuente original aquí









