El grado de estenosis no define por sí solo la intervención carotídea

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Dr. Jorge Luis Weber-Guzmán, cirujano vascular. Foto tomada por PHL.

La presencia de enfermedad carotídea no implica automáticamente una cirugía. Los síntomas, el grado de estenosis, las características de la placa y la anatomía del paciente ayudan a definir cuándo intervenir y cuándo priorizar el manejo médico.

La enfermedad de la carótida puede aumentar el riesgo de eventos cerebrovasculares, pero no todos los pacientes requieren el mismo abordaje. Para el cirujano vascular Dr. Jorge Luis Weber-Guzmán, una de las primeras decisiones consiste en diferenciar entre pacientes sintomáticos y asintomáticos.

“Hay dos tipos de pacientes. Los pacientes con enfermedad de carótida se dividen entre los sintomáticos y los asintomáticos”, señaló el especialista.

Cuando los síntomas cambian la decisión

Los pacientes sintomáticos son aquellos que han presentado un ataque isquémico transitorio o un evento cerebrovascular, explicó el especialista. “Estos pacientes que tienen síntomas con una enfermedad de carótida, una estenosis de más de 50 %, son candidatos a intervención”, señaló.

Sin embargo, la decisión cambia cuando el paciente no ha presentado síntomas. “En los otros pacientes que son asintomáticos, todo depende del tipo de placa y cuánta estenosis hay en la carótida”, explicó el especialista. En estos casos también pueden considerarse la expectativa de vida y las características anatómicas antes de definir si el paciente requiere una intervención o puede continuar con manejo médico.

La anatomía también guía el tratamiento

El ultrasonido y la tomografía computarizada permiten evaluar las características de la lesión y seleccionar la estrategia más adecuada para cada paciente.

Según mencionó el Dr. Weber, algunas anatomías y placas con calcificación significativa pueden favorecer la endarterectomía carotídea, mientras que otros pacientes pueden ser candidatos a alternativas como la revascularización transcarotídea o TCAR y el stent transfemoral.

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“Cada una de esas intervenciones tiene su nicho”, destacó el cirujano. La selección, añadió, también puede estar influida por antecedentes como cirugías previas en el cuello, radioterapia y la localización de la bifurcación carotídea.

El tratamiento médico gana terreno

No todos los estrechamientos carotídeos requieren una intervención. En pacientes seleccionados, el manejo puede incluir estatinas, control de la presión arterial y la diabetes, además de terapia antiplaquetaria, según el contexto clínico.

Para el Dr. Weber-Guzmán, los avances en la prevención cardiovascular podrían modificar progresivamente el manejo de determinados pacientes. “Ya se ha visto que con el manejo médico de estatinas, antiplaquetario y manejar las presiones, también como la diabetes, estos medicamentos significativamente disminuyen el uso de stroke”, explicó.

El futuro del manejo de la enfermedad carotídea, según planteó el especialista, apunta cada vez más hacia una selección individualizada, en la que intervenir no dependa únicamente de cuánto se ha estrechado una arteria, sino del riesgo global y las características de cada paciente.

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