El TDAH se relaciona con un mayor riesgo de deterioro cognitivo en la vida adulta 

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Las personas con TDAH presentaron más de cuatro veces el riesgo de desarrollar deterioro cognitivo o demencia frente a quienes no tenían el diagnóstico.

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) podría estar relacionado con un mayor riesgo de desarrollar deterioro cognitivo y demencia en etapas posteriores de la vida, según los resultados de un estudio retrospectivo realizado en Estados Unidos.

La investigación, publicada en JAMA Psychiatry, analizó los registros clínicos y datos genéticos de 187,341 adultos de 50 años o más, seguidos durante un promedio de 10.26 años. Los investigadores encontraron que las personas con TDAH presentaron un riesgo significativamente mayor de desarrollar deterioro cognitivo leve o demencia en comparación con quienes no tenían el diagnóstico.

Después de considerar factores como la edad, el sexo y diferentes condiciones de salud, las personas con TDAH tuvieron 4.6 veces más riesgo de desarrollar deterioro cognitivo o demencia durante el periodo de seguimiento. Cuando el análisis se ajustó además por comorbilidades, nivel educativo y utilización de servicios de salud, la asociación se redujo, pero continuó siendo significativa.

El vínculo también se mantuvo cuando los investigadores analizaron únicamente los casos de demencia, con un riesgo aproximadamente tres veces mayor entre las personas con TDAH. De acuerdo con los autores, estos resultados sugieren que la relación observada no estaría explicada únicamente por diferencias en el diagnóstico o en el acceso a los servicios de salud.

La evidencia genética también apunta a una asociación

Uno de los elementos distintivos de la investigación fue la incorporación de información genética. Los investigadores calcularon puntuaciones de riesgo poligénico para TDAH y encontraron que las personas ubicadas en el grupo con mayor predisposición genética tenían un 35 % más de probabilidad de desarrollar deterioro cognitivo frente a quienes presentaban la menor predisposición.

“Los hallazgos no demuestran una relación causal, pero observar el mismo patrón de manera independiente en los registros médicos y en los genes nos da mayor confianza de que la asociación no es simplemente un artefacto de cómo se diagnostica el TDAH”, explicó el investigador principal Tharick Pascoal, MD, PhD, de la Universidad de Pittsburgh.

El estudio combina así dos tipos de evidencia: los diagnósticos registrados en la práctica clínica y la predisposición genética asociada con el TDAH. Del total de participantes, 1.6 % tenía TDAH. Durante el seguimiento, el 6.7 % de las personas con este diagnóstico desarrolló deterioro cognitivo, frente al 3.4 % de quienes no tenían TDAH.

Además del riesgo cognitivo, los investigadores observaron que entre quienes desarrollaron deterioro cognitivo, la presencia simultánea de TDAH estuvo relacionada con peores resultados en salud mental, calidad de vida y satisfacción social, así como con una mayor utilización de servicios de salud.

Estos hallazgos podrían indicar que la coexistencia de ambas condiciones representa una carga adicional para los pacientes y los sistemas de atención sanitaria.

¿El tratamiento del TDAH podría modificar el riesgo?

Una de las principales preguntas que permanece abierta es si el tratamiento del TDAH puede influir en el riesgo posterior de deterioro cognitivo o demencia.

Los investigadores señalaron que estudios previos han explorado esta posibilidad. En una investigación realizada en Israel, los adultos diagnosticados con TDAH en etapas avanzadas de la vida que recibieron tratamiento con estimulantes no presentaron un aumento del riesgo de demencia. Sin embargo, los autores advierten que no fue posible descartar completamente otros factores que pudieran haber influido en esos resultados.

Por ahora, el estudio estadounidense no permite establecer que el TDAH cause demencia ni determinar si su tratamiento previene el deterioro cognitivo.

Los investigadores también reconocen posibles factores de confusión que podrían afectar la interpretación de los resultados. Entre ellos se encuentra la posibilidad de causalidad inversa, debido a que los cambios asociados con algunas enfermedades neurodegenerativas pueden comenzar muchos años antes de que se establezca formalmente un diagnóstico de demencia.

Además, al tratarse de participantes del programa de investigación All of Us, los resultados podrían no ser completamente generalizables a toda la población.

Para Douglas Teixeira Leffa, MD, PhD, también de la Universidad de Pittsburgh, la importancia del estudio radica en que reproduce patrones observados previamente en otros países y añade evidencia genética. “Esa combinación nos da más confianza en que el TDAH merece una mirada más cercana como posible factor relacionado con el envejecimiento cognitivo”, señaló el investigador.

Los autores destacan que serán necesarios nuevos estudios para determinar qué mecanismos podrían explicar esta asociación, así como establecer si factores como el tratamiento, las condiciones de salud concomitantes y otros elementos modifican el riesgo de deterioro cognitivo en adultos con TDAH.

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