La idea tradicional de que el hipotiroidismo es altamente prevalente en la edad avanzada —se llega a estimar hasta un 25 %— podría estar basada en una interpretación errónea, según expertos citados por Medscape. Se cuestiona que en muchos casos lo que se etiqueta como “hipotiroidismo subclínico” en personas mayores sea en realidad una elevación funcional normal del TSH asociada a la edad, no necesariamente un trastorno que requiera tratamiento.
Los autores señalan que los intervalos de referencia estándar para la hormona estimulante de tiroides (TSH) fueron establecidos en poblaciones más jóvenes, y algunos estudios recientes muestran que el percentil 97.5 de TSH sube con la edad. Al aplicar rangos de referencia ajustados por edad, sexo y raza en bases de datos de EE.UU. y China, se re-clasificó como eutiroideos el 48,5 % de los que originalmente eran etiquetados como “subclínicamente hipotiroideos” en EE.UU. y el 73,5 % en China.
En cuanto a síntomas, se observa que en adultos mayores los signos atribuidos al hipotiroidismo como fatiga, sensibilidad al frío, piel seca o estreñimiento tienen una correlación débil con los hallazgos bioquímicos de disfunción tiroidea. Además, estudios como el ensayo TRUST trial en adultos ≥ 65 años no hallaron beneficio significativo en síntomas de fatiga u otros resultados funcionales tras tratamiento con levotiroxina para hipotiroidismo subclínico.
Los expertos coinciden en que el tratamiento está plenamente indicado cuando hay hipotiroidismo manifiesto (TSH claramente elevada >10 mIU/L y T4 libre baja). Sin embargo, cuando se trata de subclínico, especialmente en personas mayores, el riesgo de sobretratamiento es real —puede generar iatrogenia, pruebas de laboratorio innecesarias, costes, y potencialmente efectos adversos. Entre los daños documentados del sobretratamiento se incluyen mayor riesgo de fibrilación auricular, fracturas, pérdida de masa ósea y ahora también deterioro cognitivo.
En la práctica clínica, esto implica que antes de iniciar tratamiento en un paciente mayor con TSH elevada moderadamente, es recomendable:
- Confirmar que el valor de TSH sea persistente (no una anomalía transitoria por enfermedad, medicamentos o factores de variabilidad)
- Evaluar síntomas y comorbilidades de manera individualizada.
- Considerar la espera vigilante (“watch-and-wait”) cuando el perfil es de riesgo bajo y la elevación leve.
- Informar al paciente sobre los pros y contras del tratamiento, especialmente en contexto de esperanza de vida, comorbilidad, riesgo de sobretratamiento y preferencia individual.
Para los optometristas, oftalmólogos y profesionales vinculados al sistema de salud ocular, este hallazgo también es relevante: muchos pacientes mayores con hipotiroidismo reciben tratamiento prolongado. El enfoque multidisciplinario y personalizado se vuelve clave —crear alertas para evaluar si la medicación tiroidea está realmente beneficiando al paciente, y considerar posibles efectos sistémicos que pueden incidir en la salud visual (por ejemplo, alteraciones metabólicas, efectos cardiovasculares, complicaciones de otros tratamientos).
En conclusión, aunque combatir el hipotiroidismo en la edad avanzada sigue siendo una prioridad en ciertos contextos, esta revisión indica que el umbral para tratar y la práctica estándar podrían necesitar ajuste. Es momento de aplicar un enfoque más matizado, evitar el “tratamiento por defecto” y priorizar la detección del verdadero beneficio para el paciente.
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