La hepatitis C puede avanzar durante años hasta causar cáncer de hígado

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Dr. Héctor Quiñones, coordinador de vigilancia de Hepatitis C de la División de Epidemiología e Investigación del Departamento de Salud de Puerto Rico. Foto original de PHL.

La hepatitis C puede permanecer en el organismo durante años sin ser detectada y, mientras la persona no recibe atención, la infección puede avanzar progresivamente hasta provocar fibrosis, cirrosis y, con el tiempo, aumentar el riesgo de cáncer de hígado

Para el Dr. Héctor Quiñones, coordinador de vigilancia de Hepatitis C de la División de Epidemiología e Investigación del Departamento de Salud de Puerto Rico, reducir el tiempo entre el diagnóstico y el acceso al cuidado es una de las prioridades para cambiar este escenario.

Una infección que puede avanzar en silencio

Uno de los principales desafíos de la hepatitis C es que muchas personas pueden vivir con el virus sin saberlo. “La hepatitis C es silenciosa”, explicó el especialista, quien destacó que “menos del 10 % de las personas presentan síntomas”.

Esta característica hace que el diagnóstico dependa en gran medida de la realización de pruebas. Sin una identificación oportuna, la infección puede permanecer activa mientras el daño hepático continúa acumulándose.

El tiempo también juega en contra

Detectar el virus es solo el primer paso. Para el Dr. Quiñones, también es fundamental reducir el tiempo que transcurre entre el diagnóstico y la atención médica. “En ese tiempo que el paciente no se ha enlazado al cuidado, puede llegar poco a poco a fibrosis, a cirrosis y por muchos años puede convertirse en cáncer de hígado”, advirtió.

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La progresión puede entenderse como una cadena: hepatitis C crónica → fibrosis → cirrosis → mayor riesgo de cáncer de hígado. Por eso, identificar la infección y conectar al paciente rápidamente con el sistema de salud puede evitar que el virus permanezca durante años afectando al hígado.

Del diagnóstico a la cura

El objetivo no es únicamente detectar la presencia del virus, sino lograr que la persona complete el proceso de atención y acceda al tratamiento indicado. Reducir esta brecha permite disminuir el daño acumulativo en el hígado y también la posibilidad de transmisión del virus.

“Si acortamos la brecha en el tiempo en el que un paciente enlaza a cuidado, disminuimos esa carga hacia el paciente, hacia el sistema de salud y también eliminamos, disminuimos la transmisión de persona a persona”, señaló el especialista.

La hepatitis C se transmite a través de la exposición a sangre infectada, por lo que la prevención también continúa después de la cura. Una persona que logra eliminar el virus puede volver a infectarse si se expone nuevamente.

Una enfermedad que hoy puede curarse

La evolución hacia el daño hepático no es inevitable. Los tratamientos actuales permiten alcanzar una supresión viral sostenida, considerada evidencia de cura virológica, en la mayoría de los pacientes.

Por eso, el llamado del especialista es a no dejar que el diagnóstico se convierta en una espera prolongada. La detección debe conducir al cuidado y el cuidado al tratamiento. “Si una persona que curó y mantuvo esa supresión viral se expuso de alguna forma al virus, puede volver a infectarse”, recordó el experto.

La eliminación de la hepatitis C requiere, por tanto, una cadena completa: probar, confirmar, conectar al paciente con el cuidado, tratar y prevenir la reinfección. Porque detectar el virus a tiempo puede marcar la diferencia entre evitar el daño hepático o llegar, años después, a sus complicaciones más graves.

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