Autora: Dra. Nilka Rosado Román, Psicóloga.
Gracias a los avances en la ciencia y la tecnología, la enfermedad del cáncer ya no significa lo mismo que décadas atrás. Hoy contamos con alternativas, tratamientos y recursos que brindan esperanza y permiten que muchos pacientes tengan un mejor pronóstico. Sin embargo, aun con los avances médicos, la palabra “cáncer” continúa representando miedo, dolor e incertidumbre. Cuando una persona recibe un diagnóstico oncológico, enfrenta cambios físicos, cognitivos y emocionales que pueden hacer el proceso aún más complejo y doloroso.
A pesar de esto, dentro del cuidado médico tradicional todavía se habla muy poco sobre las consecuencias psicológicas de la enfermedad. Se estima que entre un 30 % y un 40 % de los pacientes oncológicos pueden desarrollar síntomas o trastornos psicológicos durante y después del tratamiento. Entre los más comunes se encuentran la ansiedad, la depresión, los trastornos del sueño, la fatiga emocional, el trastorno de ajuste y las dificultades cognitivas conocidas como “chemo brain”.
La realidad es que el cáncer involucra todos los aspectos de la vida de un paciente. Muchos experimentan cambios significativos en su independencia, dinámica familiar, vida laboral e incluso en su sentido de esperanza o espiritualidad. Estos síntomas no deben verse como una parte “normal” que simplemente el paciente debe soportar. Resulta preocupante saber que, según datos disponibles, solo 1 de cada 3 pacientes reporta haber conversado con su oncólogo sobre las consecuencias emocionales de la enfermedad (Jones, Cleary, Sedhom et al., 2025).
Por esta razón, es imperativo crear una mayor conciencia sobre la importancia del acompañamiento psicológico antes, durante y después del diagnóstico. El rol del psicólogo es acompañar, validar y ofrecer herramientas que ayuden al paciente a transitar la enfermedad con la mayor comprensión, compasión y autorregulación emocional posible.
Los estudios han demostrado que el apoyo psicológico no solo contribuye a disminuir síntomas como la ansiedad, la depresión y el dolor, sino que también mejora la adherencia al tratamiento y la calidad de vida. Cuando un paciente recibe acompañamiento durante la enfermedad, se siente mejor consigo mismo, desarrolla una mayor comprensión de sus emociones y reconoce que el cáncer no solo tiene consecuencias físicas, sino también emocionales y sociales, que requieren atención específica.
Por esta razón, es de suma importancia fomentar la creación de grupos de apoyo, la práctica de la atención plena (mindfulness) y el fortalecimiento de la conexión entre la mente y el cuerpo. Estas estrategias permiten que el paciente tome control no solo de su tratamiento contra el cáncer, sino también de las consecuencias emocionales asociadas a la enfermedad.
Hoy tenemos la oportunidad de atender al paciente de manera integral. Más allá de las estadísticas, el trabajo en equipo entre los profesionales de la salud representa la posibilidad de brindar mayor humanidad, compasión, esperanza y dignidad a quienes enfrentan uno de los procesos más difíciles de sus vidas. El acompañamiento psicológico favorece una mejor adaptación emocional, una mayor adherencia al tratamiento y una mejor calidad de vida durante todo el proceso.
Es probable que cada uno de nosotros conozca a alguien que ha sido impactado directa o indirectamente por esta enfermedad. Por ello, el cáncer es un problema que nos concierne a todos, y está en nuestras manos impulsar un verdadero cambio en favor de nuestros pacientes.









