Tres nuevas revisiones Cochrane, realizadas a petición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), han confirmado que los medicamentos conocidos como agonistas del receptor de GLP-, entre ellos la tirzepatida, la semaglutida y la liraglutida, logran una pérdida de peso clínicamente significativa en comparación con un placebo.
Sin embargo, los autores advierten que la evidencia sobre los efectos a largo plazo y la seguridad de estos fármacos sigue siendo limitada, en gran parte por la influencia de la financiación industrial en la mayoría de los estudios.
Los agonistas del receptor de GLP-1 se desarrollaron originalmente para tratar la diabetes tipo 2, ya que ayudan a controlar la glucosa, reducen el riesgo cardiovascular y promueven la pérdida de peso. Su éxito clínico llevó a que más recientemente se estudiarán como tratamiento para la obesidad, al imitar la acción de una hormona natural que enlentece la digestión y prolonga la sensación de saciedad.
Actualmente, estos medicamentos están autorizados en varios países, incluido España, para el control del peso junto con dieta hipocalórica y ejercicio en personas con obesidad o sobrepeso con comorbilidades.
Resultados en uno o dos años de tratamiento
Las revisiones analizaron más de 50 ensayos clínicos aleatorizados con miles de participantes:
- Tirzepatida: redujo el peso corporal en un 16 % tras 12 a 18 meses de tratamiento, con resultados que podrían mantenerse hasta 3,5 años.
- Semaglutida: logró una reducción de alrededor del 11 % en 24 a 68 semanas, con efectos sostenidos hasta 2 años.
- Liraglutida: mostró una disminución más modesta, entre 4 % y 5 %, aunque aumentó la proporción de personas que alcanzaron una pérdida significativa de peso frente al placebo.
Los efectos adversos más frecuentes fueron náuseas y molestias digestivas, lo que llevó a algunos pacientes a suspender el tratamiento. No se encontraron diferencias relevantes frente al placebo en eventos cardiovasculares graves, calidad de vida o mortalidad.
“Estos medicamentos tienen el potencial de producir una pérdida de peso considerable, especialmente en el primer año”, afirmó Juan Franco, investigador de la Universidad Heinrich Heine de Düsseldorf y autor de una de las revisiones.
Financiación industrial y desigualdad en el acceso
Uno de los puntos críticos identificados por los investigadores es que la mayoría de los ensayos fueron financiados por la industria farmacéutica, que además participó activamente en la planificación y análisis de los resultados. Esto plantea posibles conflictos de interés y la necesidad urgente de investigación independiente.
Además, los expertos advierten que el alto costo de medicamentos como la semaglutida o la tirzepatida puede agravar las desigualdades en salud, limitando su acceso en países de ingresos medios o bajos. La liraglutida, cuya patente ya venció, cuenta con versiones genéricas más asequibles, mientras que la semaglutida la perderá en 2026.
La importancia de una mirada global y sostenida
Los ensayos incluidos se realizaron principalmente en países de ingresos medios y altos, con escasa representación de regiones como África, Centroamérica o el Sudeste Asiático. Dadas las diferencias en dieta, metabolismo y hábitos de salud entre poblaciones, los autores subrayan la necesidad de evaluar estos tratamientos en contextos más diversos.
“Necesitamos más datos sobre los efectos a largo plazo y sobre los desenlaces cardiovasculares, especialmente en personas con menor riesgo”, señaló Eva Madrid, autora principal de las revisiones y miembro del Centro Cochrane Iberoamericano. “La recuperación del peso tras suspender el tratamiento podría comprometer la sostenibilidad de los beneficios”.
Hacia nuevas guías de la OMS
Las conclusiones de estas revisiones servirán de base para las próximas guías clínicas de la OMS sobre el uso de los agonistas GLP-1 en obesidad, actualmente en fase final de desarrollo.
Los investigadores coinciden en que la evidencia disponible muestra un alto potencial terapéutico, pero insisten en que solo estudios independientes y de largo plazo podrán aclarar su impacto real sobre la salud pública y la seguridad a largo plazo.
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