Anticoncepción autoinyectable: una opción segura que aún no se prescribe de forma rutinaria

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La anticoncepción autoinyectable en casa es una opción segura y eficaz que podría reducir barreras de acceso y fortalecer la continuidad del cuidado anticonceptivo.

La anticoncepción inyectable autoadministrada representa una alternativa segura, eficaz y conveniente para muchas mujeres. Sin embargo, pese a contar con respaldo científico y recomendaciones de organismos de salud, su uso continúa siendo limitado en la práctica clínica, de acuerdo con un nuevo estudio publicado en la revista O&G Open.

La investigación reveló que cerca del 80 % de los profesionales de la salud conoce la posibilidad de que las pacientes se apliquen en casa el acetato de medroxiprogesterona subcutáneo (DMPA-SC), pero solo alrededor del 35 % lo prescribe.

Evidencia disponible, implementación limitada

El DMPA-SC permite a las pacientes administrarse su anticonceptivo sin necesidad de acudir a un centro de salud cada tres meses, reduciendo barreras geográficas, logísticas y de tiempo. Esta modalidad cobró especial relevancia durante la pandemia de COVID-19, cuando la atención médica a distancia se convirtió en una prioridad.

“Este método existe desde hace décadas, tenemos evidencia sólida sobre su seguridad y eficacia, y aun así muchas pacientes no saben que está disponible”, señaló la Dra. Jennifer Karlin, autora principal del estudio y profesora asociada de medicina familiar y comunitaria en la Universidad de California en San Francisco.

Aunque la FDA aprobó el DMPA-SC en 2004, su etiqueta original indica que debe ser administrado por un proveedor de salud, lo que sigue influyendo en la toma de decisiones clínicas. No obstante, desde 2021 los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) recomiendan la autoinyección como una alternativa válida.

El estudio identificó que la cobertura de los seguros de salud es un factor clave para la prescripción. Los profesionales fueron significativamente más propensos a ofrecer el DMPA-SC cuando estaba cubierto por Medicaid o por seguros privados.

Sin embargo, incluso cuando existe cobertura, persisten obstáculos relacionados con la formación profesional y la cultura clínica. “Aún cuesta abandonar modelos paternalistas y confiar en que las pacientes pueden autoadministrar su tratamiento de forma segura”, explicó Tammy Bennett, DNP, directora entrante de educación de la National Association of Nurse Practitioners in Women’s Health.

Aunque el 85,8 % de los clínicos consideró que la autoinyección es apropiada para sus pacientes, muchos expresaron preocupaciones sobre la adherencia, la técnica de aplicación y el manejo del suministro.

Interés de las pacientes y brechas en la consejería

Paradójicamente, los propios profesionales estimaron un alto interés potencial entre las pacientes. Según el estudio, cerca del 44 % de las mujeres que actualmente usan inyecciones intramusculares estaría interesada en cambiar a la autoadministración, y más del 17 % de quienes no utilizan anticonceptivos podría considerar esta opción.

A pesar de ello, solo 4 de cada 10 profesionales que prescriben el método lo discuten de manera rutinaria en las consultas anticonceptivas, limitando la información principalmente a usuarias de métodos inyectables o de anticoncepción con progestágenos.

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la existencia de protocolos institucionales marca la diferencia. Las clínicas con flujos de trabajo establecidos para la autoinyección fueron mucho más propensas a ofrecer el DMPA-SC que aquellas sin procesos definidos.

“Integrar el método en los sistemas de prescripción y en la historia clínica electrónica es una de las acciones más efectivas para aumentar su uso”, afirmó Karlin, quien destacó que ya existen herramientas clínicas y materiales educativos disponibles.

Implicaciones para la salud pública

Los investigadores subrayan que ampliar el acceso al DMPA-SC podría mejorar la autonomía reproductiva, reducir visitas innecesarias a los servicios de salud y facilitar la continuidad anticonceptiva, especialmente en contextos con acceso limitado a atención presencial.

“El reto no es la evidencia, sino la implementación”, concluyó Bennett. “No es una idea nueva, pero sí lo es para muchos proveedores que aún concentran el control del proceso”.

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