Nurse Practitioners: práctica clínica avanzada respaldada por evidencia y formación rigurosa

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Yaritza Pizarro, APRN, MSN, FNP-BC, CCTN Nurse Practitioner.

Para convertirse en Nurse Practitioner (NP), el camino formativo es extenso y altamente especializado. Yaritza Pizarro,  APRN, MSN FNP-BC, CCTN Nurse Practitioner, explica que todo profesional inicia como enfermero, pero debe continuar hacia estudios graduados:

“Para poder ser Nurse Practitioner tienes que hacer un grado de maestría o doctorado. Incluye estudios avanzados de farmacología, examen físico, patofisiología, diagnósticos diferenciales y rotaciones clínicas en diversas áreas de la salud”.

Luego de completar el grado, el candidato debe aprobar una reválida nacional reconocida en Estados Unidos: la ANCC (American Nurses’ Credentialing Center) o la AANP (American Academy of Nurse Practitioners). Después, someten toda la documentación a la Junta Examinadora de Enfermería de Puerto Rico para obtener una licencia.

Además, estos profesionales deben contar con seguro de práctica, credenciales actualizadas y, para formar parte de la red de planes médicos y Medicare, completar procesos formales de credencialización.

Colaboración que amplía la capacidad de los especialistas

La figura del NP permite aumentar el acceso a servicios médicos, especialmente en áreas con escasez de especialistas. Pizarro explica que un endocrinólogo, gastroenterólogo, cirujano u otro subespecialista puede trabajar con un Family Nurse Practitioner para extender su capacidad de atención. 

“En estos acuerdos colaborativos se establece qué categoría de pacientes va a ver el Nurse Practitioner y qué medicamentos puede o no recetar. Es una relación basada en confianza, comunicación fluida y guías clínicas”. En hospitales, esta dinámica ya ocurre “sin problemas”, y los NPs han demostrado ser aliados valiosos en el manejo de pacientes, especialmente en entornos donde el médico no siempre está presente físicamente.

Aunque desde 2015 la Ley de Enfermería reconoce a los Nurse Practitioners como prescriptores, la Ley de Farmacia aún no los contempla. Esto ha creado un vacío operativo que limita la práctica, especialmente en la comunidad. “En el hospital, los Nurse Practitioners prescriben sin dificultad. El problema ocurre cuando el paciente va a la farmacia de la comunidad y no le reconocen la receta”.

El Proyecto del Senado 757 busca corregir esta inconsistencia:

  • Reconoce oficialmente a los Nurse Practitioners como prescriptores a nivel comunitario.
  • Permite que la práctica del NP se operacionalice de manera más amplia.
  • Facilita que los pacientes reciban atención oportuna y medicación inmediata sin depender exclusivamente del médico.

Pizarro subraya el impacto positivo,.“Esto expandiría el acceso. En Puerto Rico hay escasez de especialistas, y la brecha seguirá aumentando. Con la colaboración de NPs, los médicos podrán absorber más pacientes y dar mejor seguimiento”.

A pesar de ser una figura establecida en Estados Unidos desde 1964 cuando el Dr. Silver y la enfermera Loretta Ford crearon el primer programa de Nurse Practitioners, en Puerto Rico todavía se está educando a la población médica y general sobre la función. “Ha sido un proceso de educación. Los médicos más jóvenes, que han rotado en Estados Unidos, entienden mucho más el rol”.

En muchos estados norteamericanos, los Nurse Practitioners ejercen de manera totalmente independiente, sin necesidad de contrafirma o contrato colaborativo. Puerto Rico, sin embargo, mantiene un modelo de práctica colaborativa.

Controles, regulación y seguridad para los pacientes

Pizarro enfatiza que el ejercicio de un Nurse Practitioner está sujeto a estrictas verificaciones:

  • Licencia profesional
  • Número de NPI (National Provider Identifier)
  • Procesos de credencialización para planes médicos
  • Educación continua
  • Reválidas nacionales rigurosas

“Esto no es para cualquiera. Solo puede ejercer quien cumpla con todas las credenciales y controles de ley.”

Yaritza Pizarro destaca que los Nurse Practitioners combinan su formación científica con la esencia de la enfermería. “Tenemos el corazón de una enfermera, pero la mente de la ciencia. Nos guiamos por estudios científicos y guías basadas en evidencia, las mismas que siguen los médicos”.

Aunque prevalece el criterio médico cuando hay discordancia, el NP aporta conocimientos sólidos y capacidad autónoma para evaluar, diagnosticar y ajustar tratamientos con base en guías clínicas.

El avance legislativo no sólo permitiría mejorar el acceso a servicios de salud, sino también fortalecer la fuerza laboral local. Muchos NPs bien preparados terminan migrando debido a mejores salarios y oportunidades. Brindarles un marco legal completo podría ayudar a retener talento crucial para la población puertorriqueña. 

“En Puerto Rico estos profesionales se preparan aquí. Nos guiamos por la ciencia y estamos listos para extender la labor del médico, que está cada vez más escaso. Esto permitirá que los pacientes sean atendidos a tiempo”.

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