Una revisión sistemática reciente advierte que el embarazo adolescente continúa representando un problema crítico de salud pública en América Latina y el Caribe (ALC), con importantes repercusiones médicas, sociales y psicológicas para las adolescentes y sus hijos.
El estudio, que analizó las complicaciones maternas asociadas al embarazo en esta población, subraya que los riesgos se ven agravados por la pobreza, las desigualdades estructurales y las barreras de acceso a servicios de salud y educación.
La investigación tuvo como objetivo identificar y analizar las principales complicaciones maternas vinculadas al embarazo adolescente en el contexto latinoamericano. Para ello, se utilizó un enfoque cualitativo y descriptivo, siguiendo la metodología PRISMA y recurriendo a bases de datos internacionales como ProQuest, Scopus y Web of Science. Tras aplicar criterios rigurosos de inclusión y exclusión, se seleccionaron 15 artículos científicos para el análisis final.
Los resultados incluyeron un análisis bibliométrico y un metaanálisis que permitió identificar patrones recurrentes y contrastar las perspectivas de distintos autores. La evidencia recopilada confirma que el embarazo adolescente en la región conlleva mayores riesgos médicos, entre ellos preeclampsia, anemia, partos prematuros e infecciones, además de afectar negativamente el desarrollo integral (físico, psicológico y social) de las adolescentes.
El estudio destaca que, a nivel mundial, el embarazo no deseado es uno de los principales desafíos de la salud sexual y reproductiva en adolescentes, y una causa relevante de complicaciones y mortalidad materna durante el embarazo y el parto.
En América Latina y el Caribe, esta problemática se ve asociada a elevadas tasas de embarazos no planificados y abortos en adolescentes, lo que ha llevado a que diversas políticas públicas recomienden el uso de métodos anticonceptivos de larga duración, como inyecciones y dispositivos intrauterinos, con el fin de reducir riesgos y proteger la salud integral de las jóvenes.
Aunque la región cuenta con una oferta relativamente amplia de métodos anticonceptivos, persiste una brecha significativa entre su disponibilidad y el acceso efectivo, especialmente entre adolescentes en situación de alta vulnerabilidad.
Investigaciones recientes señalan que estas limitaciones no responden únicamente a la falta de opciones, sino a barreras estructurales, sociales y culturales que restringen su uso y dificultan el cumplimiento de compromisos internacionales en materia de salud reproductiva.
En cuanto al acceso a controles prenatales, el panorama es desigual. Países como Argentina, Brasil, Chile y algunos Estados del Caribe presentan mejores indicadores de cobertura, lo que se traduce en una mayor protección materna e infantil.
En contraste, naciones como Bolivia, Perú, Paraguay, Haití y Nicaragua registran tasas más altas de embarazo adolescente y menores niveles de acceso efectivo a servicios prenatales. No obstante, en el caso de Perú se ha observado una disminución sostenida del embarazo adolescente en las últimas décadas, atribuida a políticas públicas más focalizadas en prevención y educación sexual integral.
Respecto a la mortalidad materna, los datos muestran una tendencia general a la reducción desde 1990 en la mayoría de los países analizados. Bolivia ha logrado avances significativos, aunque sus tasas aún superan los estándares internacionales, mientras que Brasil y El Salvador también registran progresos asociados a mejoras en la cobertura y calidad de los servicios de salud.
Sin embargo, estas cifras positivas no ocultan las profundas desigualdades persistentes entre países y regiones marcadas por la pobreza, la ruralidad y la exclusión social.
Las diferencias entre la mortalidad materna en adolescentes y en mujeres adultas siguen siendo alarmantes. En Colombia, por ejemplo, el 29 % de las muertes maternas por causas directas y el 44 % por causas indirectas se presentan en adolescentes. En Salvador de Bahía, la mortalidad materna en jóvenes de entre 10 y 19 años es un 48 % mayor que en el grupo de 20 a 29 años, aunque se ha registrado una reducción importante en la tasa de muertes de adolescentes parturientas en los últimos años.
A nivel global, las complicaciones más graves se concentran en niñas de entre 10 y 14 años, una realidad reconocida desde hace décadas como un problema grave de salud pública.
En América Latina y el Caribe, esta situación se relaciona con factores estructurales aún no resueltos, como la deficiente educación sexual, el acceso limitado a servicios de salud, la violencia sexual, la presencia de enfermedades crónicas no tratadas y otros determinantes sociales que operan en los ámbitos comunitario, familiar e institucional.
El estudio también advierte que las disparidades legales en torno al acceso a un aborto seguro agravan el escenario. Las diferencias entre países que han regulado esta práctica y aquellos donde continúa prohibida reflejan una brecha en la protección social de las adolescentes y contribuyen a una mayor carga para los sistemas de salud, al incrementar los casos de embarazos no deseados y la atención tardía de complicaciones evitables.
Los autores concluyen que abordar el embarazo adolescente en América Latina y el Caribe exige una mirada integral y contextual. Considerar a la gestante adolescente no solo desde lo biológico, sino también desde sus trayectorias familiares, educativas y sociales, resulta clave para diseñar políticas públicas eficaces.









