Suspensión de terapias con incretinas: recuperación de peso y pérdida de beneficios

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Las razones pueden incluir costo, cobertura, efectos adversos gastrointestinales o preocupación por pérdida excesiva de peso.

En los últimos años, agonistas del receptor GLP-1 y fármacos duales como tirzepatida, semaglutida y liraglutida han redefinido el abordaje de la obesidad y la diabetes tipo 2, al ofrecer reducciones de peso clínicamente significativas y mejoras sostenidas en el control glucémico y los factores de riesgo cardiovascular. No obstante, existe menos evidencia sobre lo que sucede cuando estos tratamientos se interrumpen.

Una revisión sistemática y metanálisis publicada en The BMJ evaluó la recuperación de peso tras la suspensión de medicamentos para el control de peso, incluyendo mayoritariamente terapias basadas en incretinas. Los resultados mostraron que, tras discontinuar el tratamiento, los pacientes recuperaron en promedio 0,4 kg por mes, y aproximadamente 1,7 años después habían recuperado casi todo el peso perdido.

Además del aumento ponderal, los marcadores cardiometabólicos como presión arterial y perfil lipídico tendieron a regresar a valores basales alrededor de 1,4 años después de la suspensión. Esto sugiere que parte importante de los beneficios observados durante el tratamiento depende de su continuidad.

Un hallazgo relevante fue la comparación con pacientes que participaron en programas estructurados de intervención conductual. No se trataba solo de recomendaciones generales, sino de esquemas con seguimiento activo, educación nutricional y acompañamiento profesional. En estos casos, la pérdida de peso se sostuvo mejor y la recuperación fue más lenta que en quienes suspendieron terapia farmacológica sin ese soporte.

La Dra. Anne L. Peters subraya que estos resultados refuerzan la necesidad de integrar siempre intervenciones de estilo de vida al tratamiento farmacológico. Desde su experiencia clínica, enfatiza que el uso de incretinas debe acompañarse de educación nutricional y actividad física para facilitar cambios sostenibles en el tiempo.

Individualización terapéutica, especialmente en adultos mayores

Otro aspecto relevante es la mayor probabilidad de interrupción en adultos mayores de 65 años, particularmente en Estados Unidos. Las razones pueden incluir costo, cobertura, efectos adversos gastrointestinales o preocupación por pérdida excesiva de peso.

En la práctica clínica, la especialista advierte sobre un punto menos discutido: la posible pérdida de masa muscular magra en pacientes mayores que alcanzan reducciones de peso significativas. En algunos casos, mantener dosis máximas podría no ser lo más adecuado. Por ello, describe estrategias como reducción de dosis o espaciamiento de la administración, buscando un equilibrio entre control metabólico y preservación de la composición corporal.

La preocupación no se limita al peso en sí, sino a la calidad de la alimentación. Algunos pacientes reportan menor apetito por proteínas y preferencia por carbohidratos, lo que podría afectar el mantenimiento de masa muscular y el estado nutricional global.

En conjunto, la evidencia sugiere que las terapias con incretinas no deben considerarse una solución aislada ni universal. Son herramientas de alto impacto clínico, pero requieren un enfoque individualizado que contemple edad, comorbilidades, riesgo nutricional y adherencia a largo plazo.

Más que una intervención puntual, su uso representa un proceso continuo de ajuste y seguimiento. La clave, coinciden los expertos, es integrar medicación, actividad física y cambios conductuales para sostener los beneficios metabólicos y minimizar riesgos cuando el tratamiento se modifica o interrumpe.

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