“La obesidad ya no debe ser considerada como un factor de los mínimos, sino ahora va a ser un factor mayor”, advierte el Dr. Edmundo Jordán, cardiólogo, al explicar cómo esta condición ha pasado a ocupar un lugar central en el riesgo cardiovascular.
En Puerto Rico, la obesidad ha alcanzado niveles preocupantes, con una prevalencia que oscila entre el 35 % y el 40 %, y un aumento sostenido en la última década. Este escenario ha obligado al Dr. Jordán a replantear su rol dentro de la práctica clínica, dejando de verla como un factor secundario para reconocerla como un determinante clave en el desarrollo de enfermedad cardiovascular.
La obesidad como eje del riesgo cardiovascular
“Sí se sabe que a nivel mundial la obesidad ya no debe ser considerada como un factor de los mínimos, sino ahora va a ser un factor mayor”, enfatiza el cardiólogo. Este cambio conceptual marca un punto de inflexión en la forma en que se evalúa el riesgo en los pacientes.
Lejos de ser un componente aislado, la obesidad se integra a un entramado de alteraciones metabólicas que potencian el daño cardiovascular. “Antes se consideraban que solamente eran diabetes, alta presión, el ser fumador, colesterol alto, pero ahora sí se está tomando la obesidad como un factor de riesgo predominante”, agrega el especialista.
Este reconocimiento no solo redefine la estratificación del riesgo, sino que obliga a intervenir de forma más temprana y agresiva.
Adiposidad visceral e inflamación crónica: el vínculo fisiopatológico
Uno de los elementos más relevantes es el papel de la grasa visceral. “No toda la grasa del cuerpo se comporta de la misma manera”, explica el Dr. Jordán, destacando que la adiposidad abdominal tiene un impacto particularmente nocivo.
“La grasa visceral… predispone a inflamación crónica y esa adiposidad es mala para la salud”, señala el Dr. Jordán, subrayando su relación directa con marcadores inflamatorios elevados como la proteína C reactiva.
Este estado inflamatorio sostenido actúa como catalizador de múltiples patologías. “Se ve una alta asociación con enfermedades crónicas… hipertensión, diabetes, inclusive la insuficiencia cardíaca”, precisa el especialista.
En este contexto, el control de la grasa visceral se convierte en un objetivo clínico prioritario, no solo por su impacto metabólico, sino por su papel directo en la progresión de la enfermedad cardiovascular.
Más que peso: un problema sistémico
El impacto de la obesidad trasciende lo estético. “La obesidad es de suma importancia… es un factor mayor que tenemos que tratar”, insiste el cardiólogo, quien recalca la necesidad de abordarla desde una perspectiva integral.
Además, El Dr. Jordán advierte que sus efectos no se limitan a un solo sistema: “La obesidad es una enfermedad crónica que produce inflamación a nivel sistémico”, lo que favorece procesos como la aterosclerosis, base de eventos como el infarto o el accidente cerebrovascular.
Un cambio necesario en la práctica clínica
Este nuevo entendimiento exige modificar la forma en que los médicos enfrentan la obesidad en consulta. Ya no basta con recomendaciones generales.
“Si nosotros reconocemos que la obesidad es una enfermedad crónica, el abordaje va a ser totalmente diferente”, afirma el Dr. Jordán. Esto implica intervenciones sostenidas, seguimiento cercano y el uso de herramientas terapéuticas más específicas.
Finalmente, el especialista resume el reto actual con claridad: “La obesidad… es uno de los mayores precursores de eventos cardiovasculares”, lo que la posiciona como un blanco clave en la prevención.
En un escenario donde las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de morbimortalidad, entender y tratar la obesidad como eje central del riesgo ya no es opcional, sino imprescindible.









