Aunque la perimenopausia suele asociarse con cambios hormonales y alteraciones en el ciclo menstrual, no todo sangrado irregular ni todos los síntomas genitales pueden atribuirse automáticamente a esta etapa. Así lo advirtió la Dra. Pamela Silén Rivera, ginecóloga, al profundizar en las causas y consecuencias que muchas veces pasan desapercibidas.
Causas estructurales y no estructurales: más allá de las hormonas
El sangrado anormal durante esta etapa puede tener múltiples orígenes. De acuerdo con la especialista, estos se dividen en:
- Causas estructurales: relacionadas con alteraciones en el útero, como pólipos, adenomiosis, fibromas o cáncer.
- Causas no estructurales: incluyen trastornos de coagulación, desbalances hormonales, infecciones o efectos secundarios de tratamientos hormonales.
En este sentido, insistió en la importancia de una evaluación completa: “No podemos asumir que todo es perimenopausia. Hay que hacer historia clínica, examen físico, estudios de sangre y, sobre todo, evaluar el útero”, explicó.
Síndrome genitourinario de la menopausia
Otro de los puntos clave fue el síndrome genitourinario de la menopausia, una condición frecuente pero poco visibilizada, que agrupa síntomas genitales, urinarios y sexuales asociados a la disminución de estrógeno y testosterona.
Entre los más comunes se encuentran:
- Resequedad vaginal
- Dolor con la inserción
- Infecciones urinarias recurrentes
- Urgencia urinaria e incontinencia
- Dolor al orinar
- Disminución del placer sexual
“Hay mujeres que no pueden ni sentarse cómodas. Esto afecta profundamente la calidad de vida y empeora si no se trata”, alertó la especialista. A diferencia de otros síntomas como los sofocos, este síndrome no desaparece con el tiempo y suele progresar si no se interviene.
La Dra. Pamela hizo un llamado a transformar la forma en que se aborda la salud genital femenina, promoviendo consultas más educativas y participativas. “Lo ideal es que la paciente vea su anatomía, que el médico explique qué está pasando y dónde aplicar el tratamiento. La anatomía es clave”. Durante su intervención también destacó el papel del clítoris y el vestíbulo vaginal, zonas altamente sensibles a los cambios hormonales y fundamentales para la función sexual.
Además, advirtió sobre el impacto del deterioro del piso pélvico, ya sea por partos vaginales, endometriosis o dolor crónico, en la disfunción sexual. “Si llevas tiempo teniendo relaciones sexuales con dolor, el cuerpo se protege tensándose, y eso empeora todo: el dolor, la excitación y el orgasmo”. Como parte del abordaje, recomendó la terapia de piso pélvico, comparable a la rehabilitación tras una lesión musculoesquelética.
Disfunción sexual, un problema frecuente pero silenciado
Las cifras evidencian un aumento significativo de la disfunción sexual a medida que avanza la menopausia:
- 42 % en menopausia temprana
- 88 % en menopausia tardía
Actualmente, esta condición se clasifica en tres áreas principales:
- Deseo y excitación
- Dolor
- Orgasmo
“Cuando la disfunción sexual genera angustia y afecta el día a día, no debe normalizarse. Hay tratamientos y se debe hablar”, concluyó.









