El adecuado desarrollo de la masticación en la infancia es clave para la nutrición, el crecimiento y la salud general. Así lo explica el cirujano oral y maxilofacial Dr. Johjanniesmagno Griffith, quien advierte sobre la importancia de detectar a tiempo cualquier alteración en este proceso desde las primeras etapas de vida.
“Hay que ver las etapas desde el infante. Cuando el niño ya tiene su dentición primaria, que son los primeros 20 dientes, se entiende que debe tener el proceso de masticación establecido”, señala el especialista.
La masticación es un proceso que inicia desde los 2 años
Según el Dr. Griffith, la dentición primaria se completa aproximadamente a los dos años y medio, momento en el que el niño ya debería ser capaz de masticar correctamente.
Sin embargo, cuando esto no ocurre, puede ser una señal temprana de alerta. “Si el niño no tiene una masticación adecuada en esos primeros dos años, ya es un momento de alerta en este proceso”, advierte. Durante esta etapa, los padres deben prestar especial atención a la alimentación del menor, ya que cualquier dificultad puede impactar directamente su desarrollo.
Existen diversas causas que pueden interferir en la capacidad de masticar correctamente, entre ellas condiciones neuromusculares y anatómicas.
El especialista menciona algunas como:
- Deficiencias musculares
- Parálisis cerebral
- Síndrome de Down (trisomía 21), asociado a hipotonía muscular
- Malformaciones en la mandíbula o el maxilar
- Microstomía (boca pequeña)
“El proceso de masticación se lleva a cabo por los músculos. Si estos no funcionan, no van a mover la mandíbula ni lograr una oclusión adecuada”, explica. Estas alteraciones pueden provocar lo que se conoce como disoclusión, es decir, una mordida inadecuada que dificulta la trituración de los alimentos.
Señales de alerta en los niños
Identificar a tiempo los signos de problemas en la masticación es fundamental para evitar complicaciones mayores. Algunas señales a las que los padres deben estar atentos incluyen:
- Rechazo a ciertos alimentos
- Preferencia por comidas blandas
- Dolor al masticar
- Lentitud excesiva al comer
- Dificultad para triturar alimentos sólidos
“Cuando el niño empieza a rehusar ciertos alimentos, no por gusto sino por molestia o porque no puede masticarlos adecuadamente, esos son signos de alerta”, enfatiza el Dr. Griffith.
Impacto en la digestión y nutrición
Una masticación deficiente no solo afecta la alimentación, sino también el proceso digestivo. Cuando los alimentos no se trituran correctamente, el niño puede tragarlos enteros, lo que dificulta su digestión y absorción de nutrientes. “Si no están bien masticados, puede crear problemas de digestión y de absorción”.
Además, el tiempo prolongado al comer también puede ser un indicador importante. “Si el niño tarda más de lo habitual en comer, no es porque esté entretenido, sino porque puede haber una dificultad en la masticación que debe evaluarse”.
En algunos casos, cuando existen alteraciones estructurales en el crecimiento de la mandíbula o el maxilar, puede ser necesario recurrir a cirugía maxilofacial. “Las discrepancias en el crecimiento de la maxila y la mandíbula son condiciones que pueden requerir cirugía para corregir y lograr una función adecuada”. Estos procedimientos buscan restaurar la función masticatoria y mejorar la calidad de vida del paciente.
Beneficios de un tratamiento oportuno
Corregir a tiempo los problemas de masticación puede traer múltiples beneficios:
- Mejora en la alimentación
- Mejor absorción de nutrientes
- Desarrollo adecuado
- Mayor calidad de vida
“El propósito de la cirugía es lograr una función adecuada, mejorar la masticación, la nutrición y el equilibrio entre la maxila y la mandíbula”, afirma el especialista.
El Dr. Griffith hace énfasis en la importancia de la vigilancia activa por parte de los padres desde los primeros años de vida. “La vida empieza por la boca. Si no ingerimos alimentos, no crecemos ni nos desarrollamos”, concluye.
Por ello, recomienda acudir a evaluación con profesionales de la salud oral ante cualquier signo de alerta, incluyendo dentistas y cirujanos maxilofaciales.









