El abordaje de la amiloidosis cardíaca ha evolucionado significativamente en los últimos años gracias al uso de imágenes multimodales, una estrategia que permite mejorar la precisión diagnóstica y reducir la necesidad de procedimientos invasivos. Así lo explicó el Dr. Juan López-Mattei, director de Imágenes Cardíacas Avanzadas en el Texas Heart Institute. Conoce la entrevista completa:
La amiloidosis cardíaca es una patología difícil de identificar debido a que sus manifestaciones pueden confundirse con otras causas de insuficiencia cardíaca o hipertrofia ventricular. En este contexto, el uso combinado de distintas herramientas de imagen se ha convertido en un pilar fundamental. “Para la evaluación multimodal contamos con el ecocardiograma, la gammagrafía con pirofosfato y la resonancia magnética cardiovascular. En muchos casos es necesario integrar estas técnicas para llegar a un diagnóstico certero”, explicó el especialista.
Ecocardiograma, pirofosfato y resonancia: un tridente diagnóstico
El ecocardiograma suele ser el primer estudio en levantar la sospecha, al evidenciar signos característicos de infiltración cardíaca. Por su parte, la gammagrafía con pirofosfato (PYP) ha ganado relevancia como una herramienta clave para identificar la amiloidosis por transtiretina (TTR), permitiendo orientar el tratamiento sin necesidad de biopsia en muchos casos. “La captación del trazador en el miocardio es lo que nos indica que probablemente se trata de una amiloidosis por TTR, siempre que se haya descartado previamente la forma AL”.
La resonancia magnética cardíaca, en tanto, aporta una alta sensibilidad para detectar infiltración miocárdica, gracias a patrones específicos como el realce tardío. “Cuando observamos ciertos patrones de realce en el miocardio, la sospecha de amiloidosis es muy alta, aunque esta técnica no permite diferenciar completamente entre los tipos”, añadió.
Uno de los principales impactos de este enfoque es la disminución en la necesidad de biopsias cardíacas, un procedimiento invasivo que no siempre está disponible. “Hoy podemos hacer diagnósticos más rápidos y menos invasivos utilizando estas herramientas de imagen, lo que permite iniciar el tratamiento de forma más oportuna”, destacó el Dr. López-Mattei.
La calidad del estudio hace la diferencia
El especialista enfatizó que no solo importa la tecnología, sino también la experiencia del centro donde se realizan los estudios. “Es crucial que los centros utilicen técnicas avanzadas como SPECT-CT en los estudios con pirofosfato y que cuenten con personal entrenado para interpretar correctamente los hallazgos”. Esto es especialmente importante para evitar falsos positivos o interpretaciones erróneas que puedan retrasar el diagnóstico adecuado.
El campo de las imágenes cardíacas continúa avanzando. Nuevas tecnologías como la tomografía por emisión de positrones (PET) y mejoras en la resonancia magnética buscan ofrecer una caracterización aún más precisa de la enfermedad. “Hay investigaciones en curso que podrían permitir diferenciar mejor entre los tipos de amiloidosis utilizando imágenes, lo que representaría un avance significativo en el manejo clínico”, señaló.
El uso deimágenes multimodales no solo mejora el diagnóstico, sino que tiene un impacto directo en la evolución de los pacientes, al facilitar decisiones terapéuticas más acertadas y oportunas. En una enfermedad donde el tiempo es determinante, la integración de estas tecnologías representa hoy una de las herramientas más poderosas para cambiar el pronóstico de quienes viven con amiloidosis cardíaca.









