Fotobiomodulación facial aún no demuestra efectos clínicos contundentes

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Las mascarillas de luz roja prometen reducir arrugas y acné, pero dermatólogos advierten que sus beneficios reales serían ‘muy modestos’.

Las mascarillas de terapia con luz roja se han convertido en uno de los dispositivos de cuidado facial más populares en redes sociales, impulsadas por promesas de rejuvenecimiento, reducción del acné y mejora en la textura de la piel. Sin embargo, especialistas en dermatología advierten que la evidencia científica detrás de estos dispositivos continúa siendo limitada y sus efectos distan de ser contundentes.

La terapia de luz roja, también conocida como fotobiomodulación o terapia lumínica de baja intensidad, utiliza longitudes de onda específicas para estimular procesos celulares relacionados con la reparación cutánea. Aunque esta tecnología existe desde hace décadas, el auge reciente de dispositivos caseros, muchos con precios de cientos de dólares, ha intensificado el debate sobre su verdadera efectividad.

El dermatólogo Raman Madan, de Northwell Health en Nueva York, señaló que los beneficios atribuidos a estas mascarillas suelen estar “sobreestimados” y que algunos pacientes llegan a consulta con expectativas poco realistas impulsadas por campañas de mercadeo y contenido de “skinfluencers”.

Según explicó el especialista, la luz roja actúa sobre las mitocondrias celulares, estimulando la producción de adenosín trifosfato (ATP) y activando fibroblastos y queratinocitos, células involucradas en la reparación de la piel y la producción de colágeno. Este proceso podría favorecer una mejor elasticidad cutánea y leves mejoras en la textura facial.

No obstante, Madan enfatizó que los resultados documentados son “muy modestos” y requieren constancia. Para observar cambios visibles, los dispositivos deben utilizarse aproximadamente 10 minutos varias veces por semana durante al menos tres a seis meses.

El especialista también advirtió que gran parte de los estudios sobre terapia de luz roja están financiados por compañías fabricantes de estos dispositivos, lo que obliga a interpretar los resultados con cautela. Además, destacó que muchos dermatólogos que promocionan mascarillas en redes sociales podrían tener vínculos comerciales con las marcas.

Aunque la terapia se considera generalmente segura y no invasiva, Madan aclaró que no debería utilizarse como tratamiento principal para condiciones dermatológicas como el acné. En esos casos, indicó que existen terapias con mayor respaldo científico, como la tretinoína y otros medicamentos dermatológicos.

La calidad de los dispositivos caseros también representa un factor importante. Según el dermatólogo, las mascarillas que emiten longitudes de onda de 660 y 850 nanómetros son las que cuentan con mayor respaldo en investigación clínica.

Pese a la popularidad creciente de estos dispositivos, expertos insisten en que sus efectos son limitados y que no sustituyen tratamientos dermatológicos convencionales. “Se puede esperar un beneficio modesto, pero no milagros”, concluyó el Dr. Raman Madan.

Fuente original aquí

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