Autora: Dra. Beatriz Q. Vallejo, EdD, MPHE, MPR, Presidenta de Health Communications Gallery
Durante años, la alfabetización en salud se interpretó como una capacidad individual: ¿cuánto entiende el paciente?, ¿cuánto pregunta?, ¿cuánto recuerda? Pero la literatura ha movido el foco hacia una pregunta más poderosa: ¿qué tan comprensible, navegable y justa es la institución que atiende a ese paciente?
En Europa, este cambio se conoce como ‘organizational health literacy responsiveness’: la capacidad de una organización de salud para ajustar sus estructuras, políticas, procesos, lenguaje, servicios digitales y cultura institucional a las necesidades reales de comprensión de las personas. La Organización Mundial de la Salud, ha impulsado la medición de la alfabetización en salud no solo en poblaciones, sino también en organizaciones, integrando datos para orientar políticas, servicios y comunicación en salud.
Hay que rediseñar el sistema para que sea comprensible por diseño. Esto incluye acceso fácil, rutas claras dentro de los servicios, lenguaje oral y escrito entendible, participación de pacientes en el desarrollo de materiales (sobre esto tengo experiencias espectaculares que te puedo compartir si me escribes), adiestramiento al personal y promoción de alfabetización digital. La alfabetización en salud en la atención primaria es el grado en que las organizaciones permiten, de forma equitativa, que las personas encuentren, entiendan, evalúen y usen información y servicios para tomar decisiones sobre su salud. Es una relación de ganar y ganar (win-win) entre ambas partes.
Este enfoque tiene una implicación ética enorme: cuando un paciente no comprende una instrucción clínica, no siempre estamos frente a una “limitación del paciente”; muchas veces estamos frente a un fallo del diseño institucional. Los formularios extensos, los portales digitales confusos, las instrucciones de alta fragmentación (sobre todo luego de una operación), la señalización pobre, el lenguaje técnico y los procesos administrativos que no están claros pueden convertirse en barreras clínicas.
Las instituciones más avanzadas están respondiendo con herramientas de autoevaluación, estándares e indicadores. Sin embargo, el camino está en construcción. En muchos lugares se trabajan aspectos como comunicación médico-paciente, navegación e inclusión, pero la alfabetización organizacional en salud no está establecida como práctica sistemática.
La equidad en salud no se logra solo ampliando cobertura; también exige que cada punto de contacto —la cita, el consentimiento, la receta, el portal, la llamada, el alta— sea diseñado para ser entendido. Porque una institución verdaderamente alfabetizada en salud no pregunta: “¿Por qué el paciente no entendió?”. Pregunta: “¿Qué debemos rediseñar para que entender sea posible?”.
Referencias
M-POHL Working Group on Organizational Health Literacy in Primary Care Services. (2024). International Self-Assessment Tool for Organizational Health Literacy in Primary Health Care Services (OHL-PHC). M-POHL.
M-POHL OHL Consortium. (2024). Organizational Health Literacy in Primary Health Care Services: Factsheet. M-POHL.
World Health Organization Regional Office for Europe. (2026). Action Network on Measuring Population and Organizational Health Literacy (M-POHL).
International Working Group Health Promoting Hospitals and Health Literate Health Care Organizations. (2021). International Self-Assessment Tool Organizational Health Literacy (Responsiveness) of Hospitals (OHL-Hos).









