Mujeres con artrosis erosiva de la mano presentan casi el doble de riesgo de fractura 

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Investigadores sugieren que la artrosis erosiva de la mano podría considerarse un factor independiente de riesgo de fractura y contribuir a una mejor identificación de pacientes vulnerables.

La artrosis erosiva de la mano podría ser un importante marcador de riesgo de fracturas osteoporóticas en mujeres posmenopáusicas, según una investigación reciente publicada en la revista Osteoarthritis and Cartilage. Los hallazgos sugieren que esta forma de osteoartritis se asocia con casi el doble de riesgo de fracturas, independientemente de los cambios habituales en la densidad mineral ósea (DMO).

Los investigadores señalaron que este hallazgo podría tener implicaciones relevantes para la identificación temprana de mujeres con mayor vulnerabilidad a sufrir fracturas relacionadas con la osteoporosis.

Analizaron a más de 1.100 mujeres con osteopenia

El estudio utilizó datos de la cohorte prospectiva QUALYOR e incluyó a 1.180 mujeres posmenopáusicas con osteopenia, con una edad promedio de 71,7 años, reclutadas en Francia entre 2010 y 2013.

Para evaluar la presencia de artrosis de la mano, los investigadores emplearon radiografías y cuestionarios de síntomas durante una visita de seguimiento realizada seis años después del ingreso al estudio.

Las participantes fueron clasificadas en cuatro grupos:

  • 30,8 % sin artrosis de la mano.
  • 28,4 % con artrosis radiográfica sin síntomas.
  • 28,8 % con artrosis sintomática sin erosiones.
  • 11,9 % con artrosis erosiva de la mano.

Además, se realizaron mediciones de densidad mineral ósea mediante absorciometría de rayos X de energía dual (DEXA) en columna lumbar, cuello femoral y cadera total. Las fracturas osteoporóticas fueron confirmadas médicamente.

Mayor incidencia de fracturas en mujeres con artrosis erosiva

Tras un seguimiento promedio de 4,6 años, se registraron 166 nuevas fracturas osteoporóticas en 131 mujeres, equivalentes al 11,1 % de la cohorte.

Los resultados mostraron que las mujeres con artrosis erosiva de la mano presentaron una tasa de fracturas significativamente superior a la observada en aquellas sin artrosis de la mano.

La incidencia fue de 58,5 fracturas por cada 1.000 pacientes-año, frente a 30,3 fracturas por cada 1.000 pacientes-año en el grupo sin artrosis.

Asimismo, después de ajustar factores clínicos relevantes, los investigadores encontraron que la artrosis erosiva de la mano se asociaba con un riesgo 1,9 veces mayor de sufrir una fractura osteoporótica.

La densidad ósea no explica completamente la asociación

Uno de los hallazgos más llamativos fue que el incremento del riesgo de fractura no pareció estar relacionado con una mayor pérdida de masa ósea.

Mientras que la DMO de la columna lumbar aumentó significativamente en las mujeres con artrosis erosiva de la mano, las participantes sin artrosis mostraron una disminución en esta medición.

Por otro lado, la DMO del cuello femoral y de la cadera total disminuyó con el tiempo en todos los grupos, sin diferencias significativas relacionadas con la presencia de artrosis.

Esto indica que podrían existir otros mecanismos biológicos responsables del aumento del riesgo de fracturas más allá de los cambios convencionales en la densidad ósea.

Los autores consideran que la artrosis erosiva de la mano podría representar un factor independiente de riesgo que debería contemplarse en futuras estrategias de evaluación clínica.“Los resultados ponen de relieve la osteoartritis erosiva de la mano como un factor que contribuye de forma independiente al riesgo de fractura, lo que refuerza la importancia de in cluirla en los modelos predictivos y motiva una mayor investigación sobre los determinantes moleculares y fisiológicos de esta asociación”, señalaron los investigadores.

Los autores reconocieron que el número de fracturas observadas en mujeres con artrosis erosiva fue relativamente bajo, lo que limita la precisión de algunas estimaciones.

Además, la artrosis de la mano se evaluó en un único momento del estudio, por lo que no fue posible determinar cuánto tiempo llevaban las participantes con la enfermedad ni diferenciar entre casos nuevos y preexistentes. También destacaron que los resultados corresponden exclusivamente a mujeres posmenopáusicas, por lo que no pueden extrapolarse directamente a los hombres.

Fuente original aquí

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