Durante más de dos décadas, el tratamiento del cáncer de vejiga metastásico se sostuvo sobre un único eje terapéutico: la quimioterapia basada en platino. Aunque este enfoque permitió controlar la enfermedad en algunos pacientes, su impacto en la supervivencia global fue limitado, lo que dejó en evidencia la necesidad de alternativas con mayor durabilidad clínica. En ese contexto, la llegada de la inmunoterapia comienza a redefinir el estándar de manejo.
La evidencia clínica fue presentada por la Dra. Lourdes Guerrios, uróloga, expresidenta de la Puerto Rico Urological Association y directora del programa de investigación del Centro de Trauma de Puerto Rico, quien expuso los resultados de ensayos que comparan los esquemas tradicionales de quimioterapia con nuevas estrategias basadas en inmunoterapia.
Un estándar terapéutico que permaneció inalterado por décadas
La práctica clínica en cáncer de vejiga metastásico ha estado históricamente anclada en la quimioterapia citotóxica, con esquemas como platino y gemcitabina como base del tratamiento sistémico. Sin embargo, los beneficios en supervivencia a largo plazo han sido modestos, lo que ha impulsado la búsqueda de estrategias con mecanismos de acción distintos.
“Por los últimos 20 años la única oferta de tratamiento que teníamos para estos pacientes era quimioterapia basada en platino”, explicó la Dra. Lourdes Guerrios, uróloga, expresidenta de la Puerto Rico Urological Association y directora del programa de investigación del Centro de Trauma de Puerto Rico. La especialista subraya que, aunque estos tratamientos ofrecían respuestas iniciales, muchos pacientes eventualmente progresaban, evidenciando la necesidad de terapias con mayor durabilidad en el control de la enfermedad.
Inmunoterapia con pembrolizumab demuestra ventaja significativa en supervivencia global
El ensayo clínico presentado comparó el estándar histórico de quimioterapia con una estrategia basada en inmunoterapia con pembrolizumab, mostrando diferencias clínicamente relevantes en supervivencia global. “Hubo un aumento dramático en la sobrevida total de casi 44 % comparado a un 20 % con quimioterapia”, destacó la especialista.

Más allá del incremento en supervivencia, uno de los hallazgos más relevantes fue la sostenibilidad del beneficio en el tiempo, con pacientes vivos a los tres años y medio de seguimiento. Este dato sugiere no solo una respuesta inicial superior, sino un control más prolongado de la enfermedad, algo que históricamente ha sido difícil de lograr en este tipo de cáncer avanzado.
Adicionalmente, la tolerabilidad del esquema permitió que los pacientes pudieran mantenerse en tratamiento, un elemento clave en enfermedades oncológicas donde la continuidad terapéutica influye directamente en los desenlaces clínicos.
Un cambio de paradigma en la biología del tratamiento del cáncer de vejiga
La evidencia presentada no solo implica una mejora en cifras de supervivencia, sino un cambio conceptual en el abordaje del cáncer de vejiga metastásico: pasar de estrategias centradas exclusivamente en citotoxicidad a terapias que modulan la respuesta inmune del paciente.
“Ha sido un cambio dramático en términos de que se ha cambiado de cómo manejábamos nuestros pacientes con cáncer metastásico de vejiga y cómo hoy día se les puede ofrecer una alternativa”, explicó la uróloga.
Este giro terapéutico abre la puerta a esquemas combinados y a una mayor estratificación de pacientes, donde la selección adecuada será determinante para optimizar resultados. En ese sentido, el futuro del manejo del cáncer de vejiga apunta hacia una oncología más personalizada, integrada y biológicamente dirigida, donde la inmunoterapia ocupa un rol cada vez más central.










