Martha Lillard, considerada la última paciente en Estados Unidos que utilizaba un pulmón de acero para sobrevivir tras haber contraído poliomielitis en la infancia, falleció el pasado 26 de junio en Oklahoma a los 78 años, según confirmó su hermana, Cindy McVey.
Lillard fue diagnosticada con poliomielitis cuando apenas tenía cinco años, una enfermedad que la dejó paralizada del cuello hacia abajo y la obligó a depender durante gran parte de su vida de este histórico dispositivo de ventilación mecánica, utilizado ampliamente antes del desarrollo de las vacunas contra la enfermedad.
Una vida que superó todos los pronósticos
Cuando recibió el diagnóstico, los médicos estimaron que no viviría más allá de los 20 años. Sin embargo, su determinación la llevó a desafiar ese pronóstico durante casi seis décadas. «Le dijeron que no se suponía que viviera más allá de los 20 años, pero ella tenía el entusiasmo y la determinación para seguir viviendo y aprovechar al máximo su vida», relató Cindy McVey a Associated Press.
Según su hermana, la causa de la muerte estuvo relacionada con las secuelas del COVID persistente. El certificado de defunción señala como causas una insuficiencia pulmonar crónica y el síndrome post-polio, condición que puede aparecer décadas después de la infección inicial y provocar un deterioro progresivo de la función muscular y respiratoria.
Durante décadas, Lillard durmió dentro de un pulmón de acero, un gran cilindro metálico que rodeaba su cuerpo y utilizaba cambios de presión para facilitar la respiración cuando los músculos respiratorios no podían hacerlo por sí solos.
En sus últimos cinco años de vida, su capacidad pulmonar era inferior al 25 %, y durante los dos años previos a su fallecimiento permaneció conectada al dispositivo casi las 24 horas del día.
Su familia incluso buscó durante años especialistas que pudieran reparar la antigua máquina, una tarea cada vez más difícil debido a que estos equipos dejaron de fabricarse hace décadas. «Pero como ella es la última, ya no la necesitamos», expresó entre lágrimas su hermana.
Una infancia y juventud adaptadas a la enfermedad
A pesar de las limitaciones físicas, Martha continuó con su educación. Asistía a la escuela primaria durante dos horas al día y completaba el resto de sus estudios en casa con clases particulares. Más adelante cursó la preparatoria mediante un sistema telefónico e intercomunicadores que le permitían seguir las clases desde su hogar.
Su familia también adaptó su vida cotidiana para facilitar sus desplazamientos. Durante los viajes familiares, transportaban el pulmón de acero en un remolque especial y buscaban hoteles cuyas puertas fueran lo suficientemente amplias para instalar el equipo.
Con terapia física logró recuperar parcialmente el movimiento de su brazo izquierdo y de las piernas, lo que le permitió vivir sola durante varios años y realizar actividades cotidianas como preparar sus propios alimentos. La llegada de internet representó una nueva oportunidad para Martha.
Además de mantenerse informada sobre su enfermedad y otros temas de interés, fue en una sala de chat donde conoció a Baha Salh, un hombre residente en Egipto.
Ambos mantuvieron una relación a distancia durante más de 20 años hasta que Salh consiguió una visa para viajar a Oklahoma. Finalmente, la pareja contrajo matrimonio en febrero de este año. Según su hermana, ambos eran «almas gemelas».
Durante la primera mitad del siglo XX, la poliomielitis fue una de las enfermedades más temidas en Estados Unidos y otros países, provocando miles de casos de parálisis permanente, especialmente en niños.
La situación cambió con la introducción de las vacunas contra la poliomielitis en 1955, lo que permitió una rápida disminución de los casos gracias a campañas masivas de inmunización. En 1979, Estados Unidos declaró erradicada la transmisión habitual del virus dentro de su territorio, convirtiendo al pulmón de acero en un símbolo de una etapa superada de la medicina.
Un legado de creatividad y resiliencia
Más allá de su enfermedad, Martha Lillard fue recordada por su creatividad y compromiso con los animales.
Escribía poesía, componía canciones y colaboraba como voluntaria en organizaciones de rescate animal, especialmente dedicadas a la protección de beagles. Incluso redactó su propio obituario antes de fallecer, en el que destacó su amor por los animales y su labor difundiendo campañas de adopción.
Su historia representa uno de los últimos testimonios vivos de una generación que enfrentó la poliomielitis antes de la vacunación masiva y refleja el profundo impacto que esta enfermedad tuvo sobre millones de personas antes de convertirse en una patología prevenible mediante la inmunización.









