Las lesiones peneanas autoinfligidas representan una urgencia urológica poco frecuente y, en la mayoría de los casos, se vinculan con trastornos psiquiátricos, consumo de sustancias o conductas parafílicas. Sin embargo, un caso clínico reciente describe una presentación atípica en un hombre de 55 años sin antecedentes psiquiátricos, quien consultó tras una laceración profunda del pene realizada con una hoja de afeitar.
El paciente refirió que el evento estuvo motivado por frustración sexual prolongada, sin intención suicida ni síntomas psicóticos. En la evaluación física se evidenció una laceración transversa profunda que comprometía el glande y se extendía hasta el meato uretral, con afectación parcial del cuerpo esponjoso. Este tipo de compromiso implica un alto riesgo de complicaciones funcionales si no se interviene de forma inmediata.
El manejo incluyó exploración quirúrgica urgente, con irrigación, desbridamiento y reparación meticulosa por planos. Se realizó reconstrucción uretral con suturas absorbibles, seguida de glanuloplastia y meatoplastia, con el objetivo de restaurar la anatomía y funcionalidad del meato. Se dejó sonda urinaria para derivación, la cual fue retirada sin complicaciones a la semana.
La evolución fue favorable, con recuperación de la función urinaria y sexual y resultados estéticos satisfactorios al mes de seguimiento, sin evidencia de estenosis uretral ni infección. La valoración psiquiátrica no identificó trastornos del estado de ánimo, psicosis ni ideación suicida, lo que refuerza el carácter inusual del caso.
Desde el punto de vista clínico, este reporte subraya que, aunque infrecuentes, las lesiones genitales autoinfligidas pueden ocurrir en individuos sin patología psiquiátrica diagnosticada. Asimismo, resalta la importancia de un abordaje multidisciplinario que combine intervención quirúrgica temprana, evaluación funcional detallada y seguimiento integral para optimizar los resultados.
Fuente original aquí









