Electrodos invisibles registran señales cerebrales sin alterar la conducta

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El nuevo electrodo ultrafino se integra con la piel del rostro y permite registrar señales cerebrales, musculares y oculares sin alterar la apariencia ni el comportamiento del usuario.

«La tecnología portátil solo será verdaderamente útil cuando las personas puedan usarla sin sentir que cambia su apariencia o su comportamiento». Esa es la premisa detrás de un nuevo desarrollo que podría transformar el monitoreo de la salud y la interacción entre humanos y dispositivos.

Investigadores desarrollaron un electrodo ultrafino e invisible que se adhiere a la piel del rostro y permite registrar con alta precisión señales como la electroencefalografía (EEG), la electromiografía (EMG) y la electrooculografía (EOG), sin generar el impacto visual ni la incomodidad asociados a los sensores convencionales.

El dispositivo está formado por una película elástica de apenas 200 nanómetros de espesor, enriquecida con nanopartículas de dióxido de titanio y una malla de nanocables de plata. Esta combinación reduce el brillo superficial, imita la textura natural de la piel y mantiene una elevada conductividad eléctrica, haciendo que el sensor resulte prácticamente imperceptible tanto para quien lo usa como para quienes lo observan.

Además de sus propiedades físicas, los investigadores analizaron el efecto psicológico de estos sensores. Mediante estudios con electroencefalografía y pruebas de percepción social, comprobaron que los electrodos tradicionales modificaban la respuesta cerebral de los participantes al verse con ellos puestos, generando mayor incomodidad y alterando su estado emocional. En contraste, los electrodos invisibles no produjeron cambios significativos en las respuestas cerebrales ni en la percepción de los usuarios durante interacciones sociales.

En las pruebas funcionales, la tecnología obtuvo un desempeño igual o superior al de los electrodos de hidrogel utilizados habitualmente. Registró señales de movimiento ocular, actividad muscular facial y ondas cerebrales con mayor relación señal-ruido, incluso durante actividades cotidianas como caminar, conversar o permanecer en uso continuo durante 12 horas, sin provocar irritación cutánea.

Los autores consideran que esta innovación podría impulsar una nueva generación de dispositivos portátiles para el monitoreo continuo de enfermedades neurológicas, interfaces cerebro-computadora, realidad aumentada y sistemas de interacción humano-máquina, eliminando una de las principales barreras para su adopción diaria: que los sensores dejen de ser visibles y de influir en el comportamiento de quienes los utilizan.

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