El congelamiento de la marcha consiste en episodios breves en los que los pacientes experimentan la sensación de que sus pies quedan «pegados al suelo», impidiendo iniciar o continuar el movimiento. Este fenómeno afecta aproximadamente al 25 % de las personas con enfermedad de Parkinson en fases tempranas y puede presentarse en hasta el 80 % de los pacientes conforme la enfermedad progresa. Su aparición incrementa el riesgo de fracturas, hospitalizaciones y necesidad de cuidados a largo plazo.
Aunque los tratamientos dopaminérgicos representan la base del manejo de la enfermedad, su eficacia frente al congelamiento de la marcha continúa siendo limitada e inconsistente. Evidencia reciente sugiere que este síntoma también involucra alteraciones en el sistema noradrenérgico, encargado de modular el estado de alerta, la atención y la comunicación entre distintas redes cerebrales necesarias para mantener una marcha fluida.
Con base en esta hipótesis, investigadores de Países Bajos, Australia y Canadá desarrollaron el estudio AnTi-FREEZE, un ensayo clínico multicéntrico, aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo que incluirá a 60 personas con enfermedad de Parkinson. El objetivo es determinar si potenciar la neurotransmisión noradrenérgica puede disminuir la frecuencia y la duración de los episodios de congelamiento de la marcha.
Además de medir la respuesta clínica, el protocolo incorporará tecnologías avanzadas para comprender los mecanismos cerebrales involucrados. Los participantes serán sometidos a pruebas estandarizadas que inducen episodios de congelamiento, análisis instrumentados de la marcha mediante sensores inerciales, resonancia magnética estructural y funcional, mediciones de frecuencia cardíaca, conductancia de la piel y pupilar, así como escenarios de realidad aumentada diseñados para generar situaciones de alta demanda cognitiva y emocional.
Los investigadores también analizarán la integridad del locus coeruleus, una estructura cerebral rica en neuronas noradrenérgicas cuya degeneración se ha asociado con una mayor severidad del congelamiento de la marcha. El estudio buscará establecer si la preservación de esta región y la conectividad entre redes cerebrales pueden predecir la respuesta al tratamiento.
Más allá de evaluar una posible intervención terapéutica, el ensayo pretende identificar biomarcadores clínicos y de neuroimagen que permitan reconocer qué pacientes podrían beneficiarse de este enfoque. De confirmarse su hipótesis, los resultados abrirían la puerta al desarrollo de terapias más personalizadas dirigidas a uno de los síntomas que mayor impacto tiene sobre la movilidad, la autonomía y la calidad de vida de las personas con enfermedad de Parkinson.
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