¿El ruido del tráfico es un nuevo factor de riesgo para el Parkinson? 

original web 2026 07 24t170447.286
El estudio encontró que vivir en viviendas con espacios más silenciosos podría estar relacionado con un menor riesgo de desarrollar enfermedad de Parkinson.

La enfermedad de Parkinson (EP) podría estar influenciada por un nuevo factor ambiental: el ruido del tráfico. Así lo sugiere un amplio estudio poblacional realizado en Dinamarca, cuyos resultados fueron publicados en JAMA Neurology, en el que los investigadores identificaron una asociación entre la exposición crónica al ruido residencial y un incremento en el riesgo de desarrollar esta enfermedad neurodegenerativa.

La investigación, liderada por la Dra. Mette Sørensen, del Instituto Danés del Cáncer en Copenhague, analizó datos de 3.103.577 ciudadanos daneses sin diagnóstico previo de Parkinson. Durante un seguimiento promedio de 13 años, se registraron 20.587 nuevos casos de la enfermedad. «Desde una perspectiva de prevención, garantizar que las viviendas ofrezcan un ambiente tranquilo puede ser importante para reducir los posibles efectos neurodegenerativos de la exposición crónica al ruido», señalaron los investigadores.

El ruido como posible riesgo ambiental

Durante los últimos años, diversos estudios han relacionado factores ambientales, como la contaminación del aire, con un mayor riesgo de padecer enfermedad de Parkinson. Ahora, esta investigación incorpora al ruido ambiental como un posible elemento que también podría contribuir al desarrollo de la enfermedad. Según los autores, la exposición continua al ruido podría favorecer procesos de neuroinflamación, alterar los ritmos circadianos y afectar la calidad del sueño, mecanismos que ya han sido vinculados previamente con la neurodegeneración característica del Parkinson.

Para estimar la exposición de cada participante, el equipo utilizó registros nacionales de salud y modelos que calculaban el nivel de ruido generado por el tráfico en las viviendas durante un periodo de diez años. El análisis tuvo en cuenta variables como el volumen de tráfico, el tipo de carretera, la velocidad de circulación y diversos factores socioeconómicos, además de ajustar por contaminación atmosférica y disponibilidad de espacios verdes.

Los resultados mostraron que cada incremento intercuartil de 11,5 decibelios (dB) en el nivel de ruido de la fachada más expuesta de una vivienda se relacionó con un 3 % más de riesgo de desarrollar enfermedad de Parkinson, incluso después de ajustar por múltiples variables. Cuando los investigadores también consideraron la diferencia entre la fachada más ruidosa y la más silenciosa del domicilio, la asociación fue aún mayor, alcanzando un incremento del 6 % en el riesgo.

Además, observaron que las viviendas con una «fachada silenciosa», definida como una diferencia de al menos 10 decibelios entre la fachada más expuesta y la menos expuesta al ruido, se asociaban con un menor riesgo de enfermedad en personas expuestas a niveles superiores a 50 dB. Los autores consideran que este hallazgo podría indicar que disponer de habitaciones orientadas hacia zonas más tranquilas de la vivienda ofrece a los residentes un espacio de recuperación frente a la exposición constante al ruido.

Los resultados se mantuvieron en diferentes grupos

El estudio también evaluó otros factores relacionados con el estilo de vida, como el tabaquismo y la actividad física, utilizando datos de una subpoblación incluida en la Encuesta Nacional de Salud de Dinamarca.

Tras estos ajustes, la asociación entre el ruido del tráfico y el riesgo de enfermedad de Parkinson apenas cambió. Asimismo, los resultados fueron consistentes independientemente del sexo, el nivel educativo, el estado civil o la densidad poblacional del lugar de residencia. Aunque los hallazgos fortalecen la hipótesis de que el ruido podría convertirse en un nuevo factor de riesgo ambiental para el Parkinson, los investigadores reconocen varias limitaciones.

El estudio no contó con información sobre características de las viviendas que pueden modificar significativamente la exposición al ruido, como el aislamiento acústico, el tipo de ventanas, los sistemas de ventilación o la ubicación de los dormitorios. Tampoco fue posible medir la exposición al ruido durante los desplazamientos diarios o en el entorno laboral. En un editorial que acompaña la publicación, especialistas del Rush University Medical College, en Estados Unidos, señalaron que estos resultados aportan evidencia importante para considerar el ruido del tráfico como un posible factor ambiental asociado con la enfermedad de Parkinson.

Los editorialistas también plantean la necesidad de futuras investigaciones que evalúen si esta exposición se relaciona con síntomas tempranos del Parkinson, como la anosmia (pérdida del olfato) o el trastorno de conducta del sueño REM, además de analizar cómo interactúan simultáneamente distintos factores ambientales, entre ellos la contaminación del aire y las alteraciones del sueño.

Los expertos concluyen que comprender la influencia conjunta de estas exposiciones será uno de los principales desafíos de la investigación sobre enfermedad de Parkinson durante la próxima década.

Fuente original aquí

Últimos artículos

Accede a la revista sobre Mieloma Múltiple

ingresa tus datos para
recibir la revista por email