El análisis incluyó 14,694 personas con trastorno bipolar, con una edad media de 53.9 años, identificadas entre 2009 y 2024. Durante un seguimiento promedio de seis años, 5,200 utilizaron algún agonista del receptor GLP-1. Los investigadores compararon periodos de uso y no uso de estos fármacos en los mismos individuos, ajustando por tratamientos psiquiátricos y metabólicos que podían modificar el riesgo.
Durante el seguimiento, 5,288 participantes fueron hospitalizados por causas psiquiátricas. El uso de semaglutida se relacionó con una reducción del 21 % en el riesgo de hospitalización psiquiátrica frente a los periodos sin uso de GLP-1 (HR ajustado, 0.79; IC 95 %, 0.69-0.91). Cuando se analizaron los agonistas GLP-1 como grupo, la reducción fue del 13 %.
La asociación también se observó específicamente para la recaída del trastorno bipolar. Entre los 1,634 participantes que presentaron este desenlace, semaglutida se asoció con un 17 % menor riesgo (HR ajustado, 0.83; IC 95 %, 0.69-0.99), mientras que el conjunto de agonistas GLP-1 mostró una reducción del 15 %. En cambio, no se identificó una reducción significativa del ausentismo laboral por causas psiquiátricas.
Los resultados fueron consistentes en varios análisis de sensibilidad, pero la razón por la que semaglutida mostró una asociación significativa mientras que liraglutida y dulaglutida no la mostraron individualmente permanece sin esclarecer. Los investigadores plantean posibles mecanismos relacionados con la señalización de GLP-1 en el cerebro, la neuroinflamación, el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y los efectos metabólicos derivados de la pérdida de peso.
Sin embargo, los autores advierten que el estudio no demuestra causalidad. Entre sus limitaciones se encuentra la ausencia de datos individuales sobre peso, índice de masa corporal y hemoglobina A1c, además del potencial de confusión residual. También es posible que la evolución de los síntomas psiquiátricos haya influido en la decisión de iniciar o mantener el tratamiento con semaglutida.
Para investigadores externos al estudio, estos hallazgos representan una señal que merece ser investigada, pero no justifican actualmente el uso de semaglutida como tratamiento del trastorno bipolar. Los próximos estudios deberán determinar si los agonistas GLP-1 tienen un efecto directo sobre los síntomas afectivos y si pueden aportar beneficios adicionales cuando se utilizan junto con los estabilizadores del estado de ánimo.
Fuente original aquí









