El tratamiento de la obesidad ha experimentado una importante transformación durante los últimos años. Lo que antes se enfocaba principalmente en reducir el peso corporal mediante medicamentos con resultados limitados, hoy incorpora nuevas estrategias para evaluar la composición corporal, tratar la enfermedad desde su origen y mejorar la salud metabólica de los pacientes.
Así lo explicó la Dra. Paola Mansilla, endocrinóloga y fundadora de la Sociedad de Obesidad y Síndromes Asociados, quien destacó que “el manejo actual busca ofrecer una atención más personalizada y con mejores resultados a largo plazo”.
De tratamientos limitados a nuevas alternativas terapéuticas
La especialista recordó que, durante muchos años, los medicamentos disponibles para tratar la obesidad permitían pérdidas de peso relativamente modestas,“en muchos casos, los pacientes recuperaban el peso perdido poco tiempo después”.
Además, varios de estos tratamientos eran medicamentos controlados, con mayores restricciones para su prescripción y una mayor probabilidad de presentar efectos adversos. «Los medicamentos que utilizábamos antes ayudaban a bajar alrededor de un 5 % del peso corporal y muchos pacientes presentaban un efecto rebote posteriormente».
La llegada de los agonistas del receptor GLP-1 marcó un cambio importante en el tratamiento de la obesidad, al ofrecer una mayor eficacia y un perfil de seguridad más favorable.
Uno de los cambios más importantes en la práctica clínica es que el índice de masa corporal (IMC) ha dejado de ser la única herramienta para evaluar a una persona con obesidad. La Dra. Mansilla explicó que “dos personas pueden tener el mismo peso o el mismo IMC, pero una puede presentar una mayor cantidad de masa muscular y la otra un exceso de grasa corporal, por lo que requieren enfoques completamente diferentes”.
Por esta razón, cada vez más especialistas incorporan estudios de composición corporal, los cuales permiten medir la cantidad de grasa, músculo y agua corporal para conocer con mayor precisión la evolución del paciente. «Ya no podemos hablar solamente de cuántas libras debe bajar un paciente. Tenemos que evaluar la grasa corporal y seguir cómo cambia su composición con el tiempo».
El tratamiento también comienza con el estilo de vida
Aunque los avances farmacológicos han ampliado las opciones terapéuticas, la especialista enfatizó que los cambios en el estilo de vida continúan siendo la base del tratamiento.
Entre las principales recomendaciones se encuentran realizar al menos 150 minutos de ejercicio a la semana, incorporar ejercicios de resistencia dos veces por semana y mantener una alimentación con menor consumo de alimentos ultraprocesados. Estas medidas no solo favorecen la pérdida de peso, sino que también mejoran el perfil metabólico y reducen el riesgo de desarrollar complicaciones cardiovasculares.
La Dra. Mansilla destacó que actualmente los médicos cuentan con una mayor variedad de medicamentos para adaptar el tratamiento a las necesidades de cada paciente.
Además, explicó que continúan desarrollándose nuevas terapias con mayor potencia y beneficios adicionales, como la mejoría del hígado graso, una enfermedad frecuentemente asociada a la obesidad. «Hoy tenemos muchas más opciones para abordar la obesidad y continúan desarrollándose nuevos medicamentos que ofrecen beneficios adicionales para los pacientes».
Para la especialista, el futuro del tratamiento de la obesidad pasa por un enfoque que combine la innovación terapéutica con una evaluación más completa del paciente. El objetivo ya no es únicamente reducir el número que marca la báscula, sino mejorar la salud metabólica, disminuir la grasa visceral, preservar la masa muscular y prevenir las complicaciones asociadas a esta enfermedad crónica.









