La administración temprana de ivabradina se asoció con una mejor recuperación de la función ventricular y una menor frecuencia de eventos cardiovasculares adversos mayores (MACE) en pacientes con infarto agudo de miocardio con elevación del segmento ST (STEMI) anterior. El hallazgo proviene de un ensayo prospectivo y aleatorizado realizado en 300 adultos.
Los pacientes, atendidos en un único centro, fueron asignados a recibir ivabradina o tratamiento estándar. El fármaco se inició dentro de los primeros 30 minutos de llegada a emergencias, con una dosis inicial de 2.5 mg dos veces al día y titulación hasta 7.5 mg dos veces al día, junto con intervención coronaria percutánea y tratamiento farmacológico indicado.
A los tres meses, la fracción de eyección del ventrículo izquierdo aumentó de 48.0 % a 52.0 % en el grupo de ivabradina, frente a 48.0 % a 49.8 % con el tratamiento estándar. La diferencia ajustada entre grupos fue de 2.17 puntos porcentuales (IC 95 %: 1.24–3.10; p<0.001). También se observó una mayor reducción del volumen telesistólico y del volumen telediastólico ventricular.
El control de la frecuencia cardíaca fue mayor con ivabradina: a los tres meses, la frecuencia cardíaca media fue de 62.3 frente a 76.1 latidos por minuto. Los marcadores de daño miocárdico, como troponina y CK-MB, no mostraron diferencias significativas entre los grupos.
Los MACE ocurrieron en 12.7 % de los pacientes tratados con ivabradina frente a 32.0 % del grupo control (p<0.001). La diferencia estuvo impulsada principalmente por una menor hospitalización por insuficiencia cardíaca, de 1.3 % frente a 11.3 %, además de menos episodios de angina recurrente.
En el análisis multivariable, la ivabradina se asoció con menor probabilidad de MACE (OR ajustado 0.38; IC 95 %: 0.22–0.66) y menor riesgo de hospitalización por insuficiencia cardíaca (HR ajustado 0.12; IC 95 %: 0.03–0.48). Los eventos adversos relacionados con bradicardia fueron poco frecuentes y no mostraron diferencias significativas.
Los autores señalan que los resultados deben interpretarse considerando sus limitaciones, entre ellas el diseño abierto, el carácter unicéntrico, el seguimiento de solo tres meses y la ausencia de registro prospectivo del ensayo. Se requieren estudios multicéntricos y con seguimiento más prolongado para determinar si estos beneficios se mantienen.
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