El picor que puede levantar sospecha de linfoma de Hodgkin

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Dra. Dominic Sánchez, especialista en trasplante de médula ósea y terapia celular en TCT Oncology, Dr. Cristian Rodríguez Arocho, hematólogo oncólogo con subespecialidad en Trasplante de Médula Ósea y Terapia Celular, Dr. Alexis Cruz Chacón, hematólogo oncólogo, Director del programa de Trasplante de Médula Ósea e Inmunoterapia Celular del Hospital Auxilio Mutuo e investigador del Centro Comprensivo de Cáncer y Carlos Méndez, administrador de TCT Oncology.

“Definitivamente el picor generalizado, sobre todo con las duchas calientes, puede ser un síntoma de linfoma de Hodgkin”, inició explicando la Dra. Dominic Sánchez, especialista en trasplante de médula ósea y terapia celular en TCT Oncology, aunque por sí solo no permite establecer un diagnóstico.

La señal cobra mayor relevancia cuando aparece junto con otros hallazgos como pérdida de peso no intencional, sudoración nocturna intensa o ganglios aumentados de tamaño.

Cuando el calor intensifica el picor

El prurito puede persistir y exacerbarse con el calor, incluso durante una ducha caliente. Sin embargo, los especialistas enfatizan que tener picor o un ‘rash’ no significa automáticamente que exista un linfoma. La evaluación médica debe considerar la duración, intensidad y coexistencia de otros signos.

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Entre las manifestaciones que pueden elevar la sospecha clínica se encuentran los llamados síntomas B “y estos incluyen pérdida de peso, sudoración exagerada durante la noche”, señaló la Dra. Dominic.

La sudoración extrema nocturna es relevante clínicamente, explicó el Dr. Cristian Rodríguez Arocho, hematólogo oncólogo con subespecialidad en trasplante de médula ósea y terapia celular, “puede ser suficientemente intensa como para despertar al paciente y obligarlo a cambiarse de ropa”.

El síntoma no define el tipo de linfoma

Aunque estas señales pueden orientar la evaluación, los síntomas no permiten distinguir un linfoma de Hodgkin de uno no Hodgkin. Esa diferenciación depende del estudio del tejido y de las características específicas de las células.

“Yo creo que la forma más fácil de diferenciar un linfoma si es Hodgkin o no Hodgkin, que es los otros subtipos, es con los estudios patológicos”, explicó el Dr. Alexis Cruz Chacón, hematólogo oncólogo, director del Programa de Trasplante de Médula Ósea e Inmunoterapia Celular del Hospital Auxilio Mutuo e investigador del Centro Comprensivo de Cáncer.

Por eso, ante la presencia de un ganglio sospechoso, la biopsia adquiere un papel central. El patólogo analiza la morfología celular y los marcadores presentes en las células para establecer qué tipo de linfoma está presente. En este proceso, la cantidad y calidad del tejido obtenido también puede ser determinante.

“Mientras más tejido, mientras más muestra tenga el patólogo para examinar, así es la única manera que él va a saber”, puntualizó el Dr. Cruz.

Las imágenes complementan el diagnóstico

La evaluación también incorpora estudios de imagen. La tomografía computarizada y el PET permiten identificar la distribución de la enfermedad y contribuyen a establecer el estadio. Además, el PET puede ayudar a localizar áreas de mayor actividad metabólica y orientar el sitio donde obtener la biopsia.

Por ello, ante picor generalizado persistente, ganglios o masas, pérdida de peso inexplicada o sudoración nocturna intensa, el primer paso no es asumir un diagnóstico, sino consultar con un médico. El médico primario puede identificar hallazgos que ameriten estudios adicionales y canalizar al paciente hacia hematología u oncología cuando sea necesario.

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