La viruela fue una de las enfermedades infecciosas con mayor impacto demográfico tras la llegada de los europeos al continente americano. Aunque los registros históricos atribuían su introducción a la colonización, hasta ahora no existía evidencia genética directa que permitiera demostrar el origen de las primeras cepas que circularon en América.
Un estudio publicado en Science logró reconstruir el ADN antiguo del virus a partir de dos individuos momificados procedentes del norte de Chile, enterrados entre finales del siglo XV y comienzos del siglo XVII. El trabajo permitió identificar la cepa de viruela más antigua documentada hasta la fecha en el continente.
Los investigadores analizaron el material genético conservado en ambas momias y reconstruyeron el genoma del virus responsable de la infección. Los resultados mostraron que los dos individuos portaban genomas prácticamente idénticos, lo que sugiere que ambos estuvieron expuestos al mismo brote epidémico o a una misma variante viral.
El análisis filogenético reveló que esta cepa, denominada CAM9, ocupa una posición evolutiva intermedia entre antiguas variantes europeas de la Alta Edad Media y las cepas que posteriormente dieron origen a la viruela moderna. Este hallazgo constituye la primera evidencia molecular directa de que el virus llegó al continente americano como consecuencia de la expansión europea.
Además de reconstruir el origen del linaje, los investigadores observaron que el virus experimentó importantes cambios genéticos antes del siglo XVI. Sin embargo, durante los siglos XVII y XVIII, coincidiendo con la expansión colonial y las grandes epidemias, su evolución se ralentizó de manera considerable.
Los autores plantean que esta estabilidad genética pudo deberse a que el virus alcanzó un óptimo evolutivo, favorecido por la ausencia de inmunidad en las poblaciones indígenas recientemente expuestas. En estas condiciones, el patógeno habría mantenido una transmisión eficiente sin requerir nuevas adaptaciones genéticas significativas.
El estudio también sugiere que esta estabilidad comenzó a modificarse hacia finales del siglo XVIII, cuando la introducción de la vacunación contra la viruela, desarrollada por Edward Jenner, pudo ejercer nuevas presiones evolutivas sobre el virus y favorecer nuevamente la aparición de cambios genéticos.
Los investigadores concluyen que el análisis de ADN antiguo permite reconstruir la historia evolutiva de los patógenos con una precisión sin precedentes. En este caso, los hallazgos no solo confirman el papel de la colonización europea en la introducción de la viruela en América, sino que también muestran cómo acontecimientos históricos como la expansión colonial, los cambios demográficos y la vacunación moldearon la evolución de una de las enfermedades más devastadoras de la historia humana.
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