La obesidad afecta a cerca de tres cuartas partes de los adultos en Puerto Rico, según datos citados durante el 3er Congreso de la Sociedad de Obesidad y Síndromes Asociados, donde especialistas discutieron la necesidad de transformar el abordaje clínico de esta enfermedad y ampliar la evaluación más allá del índice de masa corporal (IMC).
Durante el encuentro, la Dra. Milliette Alvarado Santiago, endocrinóloga especialista en obesidad, destacó que el contexto puertorriqueño requiere estrategias particulares. “La obesidad nunca viaja sola”, señaló al explicar su estrecha relación con diabetes, hipertensión y dislipidemia, condiciones que deben considerarse al momento de evaluar el riesgo de cada paciente.
Una enfermedad que requiere tratamiento crónico
La Dra. Paola Mansilla Letellier, endocrinóloga y presidenta de la Sociedad de Obesidad y Síndromes Asociados, enfatizó que “la obesidad debe reconocerse como una enfermedad crónica y no como un problema limitado al peso corporal”.
“No es falta de voluntad, no es falta de voluntad de no hacer ejercicio, no es falta de voluntad de no hacer dieta, es una enfermedad”, afirmó la especialista, quien destacó la importancia de integrar nutrición, actividad física, salud conductual y tratamiento farmacológico dentro de un manejo individualizado.
La Dra. Mansilla también explicó que el éxito terapéutico debe medirse por resultados clínicos más amplios, incluyendo la reducción del riesgo de diabetes, enfermedad cardiovascular e hipertensión, así como la capacidad de mantener los cambios alcanzados a largo plazo.
La composición corporal también importa
Para la Dra. Leticia Hernández Dávila, endocrinóloga especializada en manejo de la obesidad y expresidenta de la Sociedad Puertorriqueña de Endocrinología y Diabetología, una evaluación metabólica adecuada debe incorporar parámetros que no siempre aparecen reflejados en la balanza.
“No debemos dejarnos llevar solo por el índice de masa corporal”, sostuvo. Entre las variables que deben considerarse mencionó la circunferencia de cintura, la relación cintura-estatura, la masa muscular, la función muscular, los triglicéridos, la presión arterial, el riesgo de hígado graso, la apnea del sueño, la osteoartritis y el estado emocional.
La especialista advirtió además que “un paciente puede presentar resultados de laboratorio aparentemente normales y, aun así, tener un riesgo metabólico elevado”. La acumulación de grasa visceral y ectópica puede asociarse con alteraciones fisiológicas que preceden a las manifestaciones detectables en los análisis convencionales.
Individualizar el tratamiento
El encuentro también permitió discutir la evolución del arsenal terapéutico disponible para la obesidad. Según la Dra. Milliette Alvarado Santiago, actualmente el tratamiento puede adaptarse a las características clínicas y complicaciones de cada paciente, en lugar de perseguir exclusivamente una cifra determinada en la báscula.
En esta línea, la Dra. Paola Mansilla destacó la evolución de las terapias incretínicas, incluidos los abordajes GLP-1 y GIP/GLP-1, aunque subrayó que “estas herramientas deben formar parte de un tratamiento integral”. La nutrición, el ejercicio y el acompañamiento multidisciplinario continúan siendo componentes fundamentales.
La Dra. Leticia Hernández Dávila añadió que “las intervenciones no son necesariamente excluyentes y que la farmacoterapia, los cambios en el estilo de vida y la cirugía metabólica pueden utilizarse de manera complementaria según las necesidades clínicas de cada paciente”.
Mantener la salud más allá de la pérdida de peso
Uno de los principales mensajes del encuentro fue que alcanzar una reducción inicial de peso no constituye el punto final del tratamiento. La trayectoria clínica debe evaluarse considerando funcionalidad, composición corporal, parámetros metabólicos y calidad de vida.
“El manejar la obesidad es un asunto que se lleva a través de la vida del paciente”, explicó la Dra. Leticia Hernández, quien resaltó que la recuperación de peso no debe interpretarse automáticamente como un fracaso, sino como parte de la naturaleza crónica y recurrente de la enfermedad que puede requerir ajustes terapéuticos.
La especialista también recordó la importancia de intervenir antes de que aparezcan complicaciones metabólicas. Citó el Programa de Prevención de Diabetes, en el que una intervención estructurada de cambios de estilo de vida asociada con aproximadamente un 7 % de pérdida de peso redujo en 58 % el riesgo de desarrollar diabetes en personas con prediabetes.
Puerto Rico ante un reto clínico y de salud pública
Más allá del consultorio, las especialistas coincidieron en que mejorar los resultados de obesidad en Puerto Rico requiere abordar determinantes sociales, acceso al tratamiento, educación en salud y condiciones ambientales que faciliten estilos de vida saludables.
La Dra. Milliette Alvarado Santiago señaló que “el país enfrenta barreras relacionadas con el acceso a alimentos saludables, pobreza, entorno construido y cobertura de tratamientos”. Para la especialista, el manejo debe integrar al médico primario, endocrinólogos, nutricionistas, psicólogos y otros profesionales, con sistemas de referencia y seguimiento que permitan mantener al paciente dentro del circuito de atención.
La conversación desarrollada durante el 3er Congreso de la Sociedad de Obesidad y Síndromes Asociados reafirmó así un cambio fundamental en la práctica clínica: la obesidad debe abordarse como una enfermedad crónica, multifactorial y de manejo longitudinal, donde el objetivo no es únicamente modificar el peso, sino reducir el riesgo metabólico, preservar la función y mejorar la salud y calidad de vida del paciente.









