El inesperado aliado contra los coágulos: un caracol terrestre sorprende a la ciencia 

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Investigadores identificaron un compuesto derivado de un caracol terrestre que mostró actividad antitrombótica sin comprometer la hemostasia normal en modelos preclínicos.



La búsqueda de tratamientos anticoagulantes más seguros podría haber encontrado un aliado inesperado en un caracol terrestre. Un estudio preclínico publicado en ACS Central Science identificó un compuesto derivado del caracol Camaena cicatricosa capaz de reducir significativamente la formación de coágulos sanguíneos sin prolongar el tiempo de sangrado ni afectar la cicatrización de heridas en modelos animales.

El hallazgo representa un avance importante en un campo donde los tratamientos actuales suelen enfrentar un delicado equilibrio entre prevenir la trombosis y evitar complicaciones hemorrágicas.

La investigación estuvo liderada por la doctora Lisha Lin, del Laboratorio Estatal Clave de Fitoquímica y Medicinas Naturales del Instituto de Botánica de Kunming, perteneciente a la Academia China de Ciencias.

Según explicó la investigadora, el equipo logró identificar un nuevo polisacárido bioactivo, denominado glicosaminoglicano galactosilado (CCG), que mostró actividad anticoagulante mediante un mecanismo distinto al de la heparina, uno de los medicamentos más utilizados para prevenir la formación de coágulos.

“Se identificó un nuevo polisacárido y, lo que es más importante, mostró actividad anticoagulante al inhibir una nueva diana, con un mecanismo de acción diferente al de las heparinas”, señaló Lin.

¿Por qué estudiar un caracol terrestre?

Los investigadores compararon moléculas provenientes de tres especies de caracoles: Camaena cicatricosa, Achatina fulica y Helix lucorum. Aunque todas contenían glicosaminoglicanos sulfatados con estructuras similares, únicamente el compuesto aislado de C. cicatricosa mostró actividad anticoagulante significativa.

El análisis reveló que ciertas características estructurales, como las ramificaciones de galactosa y una configuración particular de sulfatos, podrían ser responsables de sus propiedades biológicas únicas.

A diferencia de la heparina y otros anticoagulantes convencionales, el nuevo compuesto no actúa bloqueando de forma generalizada la cascada de coagulación. En cambio, altera selectivamente el denominado complejo tenasa intrínseco, una vía estrechamente relacionada con la formación de trombos patológicos.

Esta selectividad permitió observar una combinación poco habitual: una potente acción antitrombótica sin afectar significativamente la capacidad natural del organismo para detener hemorragias o reparar tejidos dañados. Los autores destacan que esta capacidad de desacoplar la trombosis de la hemostasia representa uno de los principales atractivos del compuesto y podría abrir nuevas posibilidades terapéuticas para pacientes con alto riesgo de sangrado.

La necesidad de anticoagulantes más seguros

Actualmente, medicamentos como la heparina y los anticoagulantes orales directos (DOAC) son fundamentales para prevenir eventos trombóticos en pacientes con enfermedades como fibrilación auricular, trombosis venosa profunda o después de ciertos procedimientos quirúrgicos. Sin embargo, estos tratamientos pueden incrementar el riesgo de hemorragias nasales, gastrointestinales y urogenitales.

El doctor Yazan Abou-Ismail, hematólogo y profesor asociado de medicina de la Universidad de Utah Health, destacó que existe un creciente interés científico en desarrollar estrategias capaces de prevenir la formación de coágulos sin comprometer la hemostasia fisiológica. “Sin duda, existe un gran interés en el concepto de desacoplar la trombosis de la hemostasia”, afirmó el especialista, quien no participó en la investigación.

Resultados prometedores, pero aún preliminares

A pesar del entusiasmo generado por los resultados, los expertos advierten que todavía es temprano para determinar si estos beneficios observados en animales se replicarán en humanos.

Abou-Ismail señaló que el complejo tenasa intrínseco desempeña un papel esencial en la coagulación normal y recordó que alteraciones en esta vía están relacionadas con enfermedades hemorrágicas como la hemofilia A y B. Por ello, considera necesario evaluar cuidadosamente el potencial riesgo de sangrado en estudios futuros.

Por su parte, Lin reconoció que la investigación permanece en una etapa básica, aunque considera que los datos actuales sugieren una posible amplia ventana terapéutica, especialmente para pacientes con contraindicaciones hemorrágicas, adultos mayores, personas con insuficiencia renal y quienes requieren anticoagulación a largo plazo.

Aunque el desarrollo clínico aún está lejos de completarse, los investigadores consideran que este compuesto podría representar una nueva generación de anticoagulantes con mecanismos de acción innovadores. Según Abou-Ismail, disponer de una alternativa diferente podría ser especialmente útil en pacientes que experimentan fracaso terapéutico, trombosis recurrente o limitaciones con los anticoagulantes disponibles actualmente.

Por ahora, el pequeño caracol terrestre no ofrece una solución inmediata, pero sí una prometedora línea de investigación que podría contribuir al desarrollo de tratamientos capaces de prevenir los coágulos sanguíneos sin incrementar significativamente el riesgo de hemorragias, uno de los mayores desafíos de la medicina cardiovascular moderna.

Fuente original aquí

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