Los efectos de una emergencia climática pueden extenderse mucho más allá del momento en que ocurre el fenómeno. En pacientes con cáncer, la interrupción de servicios esenciales como electricidad, agua potable, telecomunicaciones y acceso a los centros de salud puede añadir nuevas barreras a una atención que requiere continuidad.
Así lo evidencia una investigación del Centro Comprensivo de Cáncer de la Universidad de Puerto Rico (CCCUPR), publicada en The Journal of Climate Change and Health, que evaluó el impacto de las interrupciones de servicios esenciales y las inundaciones posteriores al huracán María sobre la calidad de vida de mujeres con cáncer ginecológico en Puerto Rico.
El estudio, titulado Post-hurricane related flooding and essential services interruptions, and their impact on the quality of life of women with gynecological cancer in Puerto Rico, incluyó a 271 mujeres y encontró una asociación entre una mayor exposición a interrupciones de servicios y un mayor deterioro en indicadores de salud física y emocional.
Electricidad, agua y telecomunicaciones entre los servicios afectados
Los resultados reflejan la magnitud de la interrupción de servicios tras el huracán María. El 100 % de las participantes experimentó interrupciones del servicio eléctrico, mientras que el 85.6 % perdió el acceso al agua potable.
Además, el 76.8 % reportó interrupciones en las telecomunicaciones, mientras que más de la mitad de las participantes enfrentó problemas relacionados con las inundaciones, la recolección de desperdicios y el recogido de escombros. La investigación encontró que estas interrupciones no representaron únicamente dificultades de infraestructura. Su acumulación se relacionó con diferencias en los indicadores de salud física, funcionamiento cotidiano y bienestar emocional.
Uno de los hallazgos más relevantes fue observado entre las mujeres expuestas a inundaciones, quienes presentaron casi tres veces más probabilidades de experimentar limitaciones para realizar actividades cotidianas y más del doble de riesgo de reportar angustia mental frecuente.
Además, los investigadores observaron una relación entre la cantidad de servicios interrumpidos y el deterioro de la calidad de vida: a mayor número de interrupciones, mayor afectación en los indicadores físicos y emocionales evaluados.
El impacto no terminó cuando pasó el huracán
La investigación también aporta evidencia sobre la dimensión prolongada de estos eventos. Algunos de los efectos asociados con las interrupciones de servicios esenciales permanecieron entre dos y tres años después del desastre, particularmente entre las participantes que estuvieron durante más tiempo sin acceso a servicios básicos.

Para la Dra. Nancy Cardona-Cordero, autora principal de la publicación e investigadora auxiliar de la División de Control de Cáncer y Ciencias Poblacionales del CCCUPR, estos resultados evidencian que la continuidad de la atención oncológica depende también de la capacidad de respuesta de la infraestructura y los sistemas de salud. “Esta investigación confirma que la continuidad del tratamiento oncológico depende también de la resiliencia de nuestros sistemas de salud y de infraestructura”.
La investigadora destacó que la evidencia puede contribuir al desarrollo de políticas públicas dirigidas a fortalecer la preparación ante emergencias climáticas, particularmente para las poblaciones con mayor vulnerabilidad.
La preparación climática también es una estrategia de salud
El estudio plantea la necesidad de integrar la adaptación al cambio climático y la preparación ante desastres dentro de la planificación sanitaria.
El Dr. Pablo A. Méndez-Lázaro, coautor e investigador en salud ambiental del Recinto de Ciencias Médicas de la UPR, señaló que garantizar servicios básicos durante una emergencia debe formar parte de las estrategias de protección de los pacientes. “Garantizar la continuidad de servicios esenciales como la energía eléctrica, el agua potable, las telecomunicaciones y el acceso a los centros de salud debe convertirse en una prioridad estratégica”.

Esta perspectiva adquiere especial relevancia en oncología, donde la atención puede requerir medicamentos, tratamientos, seguimiento clínico y acceso periódico a instalaciones médicas.

La Dra. Ana Patricia Ortiz, investigadora líder del estudio y directora interina de la División de Control de Cáncer y Ciencias Poblacionales del CCCUPR, destacó que las personas con cáncer deben ser consideradas de manera específica dentro de los planes de preparación y respuesta ante desastres. “Los pacientes con cáncer son especialmente vulnerables ante situaciones de emergencia”.
La especialista enfatizó que contar con sistemas de salud e infraestructura pública resilientes es fundamental para reducir las interrupciones en la atención y proteger la calidad de vida de las personas con cáncer y sobrevivientes.
El estudio representa uno de los primeros trabajos realizados en Puerto Rico en documentar, a través del tiempo, la relación entre las interrupciones de servicios esenciales y la calidad de vida de mujeres con cáncer ginecológico.
La resiliencia comunitaria también tuvo un papel
Aunque los resultados evidencian importantes afectaciones físicas y emocionales, los investigadores identificaron también un elemento de protección: las redes de apoyo social.
El apoyo emocional proporcionado por familiares y amistades se mantuvo a pesar de las condiciones posteriores al huracán, lo que los investigadores relacionan con la fortaleza de las redes comunitarias en Puerto Rico.
Para la Dra. Elba V. Caraballo, subdirectora ejecutiva del CCCUPR, comprender estas repercusiones resulta fundamental para traducir la evidencia científica en acciones de salud pública. “Entender las repercusiones en la salud es el pie forzado para crear política pública y salubrista respaldada por evidencia científica”.
Los autores plantean que la preparación ante desastres debe incorporar las necesidades particulares de las personas con cáncer y contemplar mecanismos para mantener el acceso a medicamentos, tratamientos, seguimiento clínico, apoyo psicosocial y servicios esenciales.
Los hallazgos también respaldan la inclusión de los cánceres relacionados con exposiciones ambientales y ocupacionales como una prioridad dentro del Plan Comprensivo para el Control del Cáncer de Puerto Rico 2025-2030.
En este contexto, el CCCUPR celebrará los días 12 y 13 de noviembre de 2026 el Environmental Risks and Cancer Research Conference, en el Centro de Convenciones de Puerto Rico. El encuentro reunirá a investigadores locales e internacionales para abordar la relación entre riesgos ambientales y cáncer, así como oportunidades de investigación, prevención y control.
La evidencia deja una consideración central para los sistemas de salud: ante una emergencia ambiental, mantener funcionando los servicios esenciales también forma parte de garantizar la continuidad del cuidado oncológico.









