Bloqueos espinales y cirugía: ¿cuándo uno, cuándo el otro?

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El dolor lumbar es una de las principales causas de consulta médica en Puerto Rico y a nivel mundial. Puede limitar la movilidad, afectar la calidad de vida y convertirse en un problema crónico si no se atiende de manera adecuada. La clave está en un diagnóstico preciso y en un plan individualizado que integre manejo conservador, bloqueos intervencionales y, en casos seleccionados, cirugía. 

Este artículo explica en qué situaciones se recomienda cada alternativa y cómo se complementan entre sí.

Manejo conservador: la primera línea

Antes de considerar bloqueos o cirugía, la mayoría de los pacientes se benefician de un manejo conservador. Esto incluye medicamentos antiinflamatorios, analgésicos, fisioterapia dirigida y modificaciones en el estilo de vida. La rehabilitación física con estiramientos asistidos y programas de fortalecimiento muscular, como los que se promueven en iniciativas de fisioterapia, ayudan a restaurar el equilibrio postural y disminuir la recurrencia del dolor.

Bloqueos espinales y procedimientos intervencionales

El Dr. Eduardo Irizarry, de The Pain Clinic PR, enfatiza que los bloqueos espinales son una herramienta efectiva para pacientes con dolor lumbar o radicular que no han respondido al tratamiento inicial. Entre las opciones están:

Bloqueos epidurales para reducir inflamación alrededor de las raíces nerviosas.

Bloqueos facetarios y sacroilíacos, útiles en dolor articular de la columna.

● Ablación por radiofrecuencia, que desactiva temporalmente los nervios que transmiten dolor crónico.

Estos procedimientos son mínimamente invasivos, brindan alivio rápido y facilitan que el paciente retome la fisioterapia. Sin embargo, suelen ser temporales y no corrigen compresiones estructurales severas.

Cirugía de columna: cuándo es necesaria

El Dr. Ricardo J. Fernández-de Thomas, neurocirujano, explica que la cirugía está indicada cuando existe compresión significativa de los nervios, estenosis severa, inestabilidad en la columna o síntomas neurológicos progresivos.

Dependiendo del caso, se puede optar por abordajes anteriores (como la discectomía y fusión anterior o, en casos seleccionados, el reemplazo de disco) o posteriores (laminectomía, foraminotomía o técnicas mínimamente invasivas). El objetivo es descomprimir estructuras nerviosas, restaurar estabilidad y mejorar la función del paciente.

¿Cuándo uno, cuándo el otro?

En general, los bloqueos son útiles en fases iniciales o intermedias, cuando el objetivo principal es controlar el dolor y mejorar la movilidad. La cirugía se reserva para los casos donde hay daño estructural o cuando fracasan las terapias conservadoras e intervencionales. En muchos pacientes, ambos enfoques se complementan: un bloqueo puede preparar al paciente para una cirugía futura o servir como puente mientras se optimiza su condición médica.

Red Flags: ¿cuándo evitar demoras?

Un bloqueo puede ser insuficiente si aparecen:

● Pérdida de fuerza progresiva en brazos o piernas.

● Incontinencia urinaria o fecal.

● Pérdida de sensibilidad en el área genital (síndrome de cauda equina).

● Dolor incapacitante que no mejora con tratamiento intervencional.

En estos casos, la cirugía debe evaluarse de manera urgente.

Conclusión

El manejo del dolor lumbar no tiene una única respuesta. Lo más importante es un abordaje multidisciplinario que combine fisioterapia, manejo de dolor intervencional y, cuando es necesario, cirugía. La colaboración entre especialistas permite diseñar planes de tratamiento más efectivos y personalizados para cada paciente.

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