La castración química continúa siendo una de las estrategias fundamentales en el manejo del cáncer de próstata avanzado y metastásico. Sin embargo, su indicación actual no puede entenderse de forma aislada, sino como parte de un abordaje integral que ha evolucionado de manera acelerada gracias a los avances en cirugía robótica, terapias sistémicas y tecnologías emergentes como la inteligencia artificial.
Así lo explica el Dr. Ronald Cadillo, especialista en Cirugía robótica urológica oncológica y reconstructiva, quien destaca que la urología es uno de los campos quirúrgicos con mayor desarrollo tecnológico anual, impactando directamente la supervivencia y la calidad de vida de los pacientes.
“La recuperación hoy en día es mucho más rápida, los riesgos de sangrado son menores y la función del paciente ha mejorado considerablemente en comparación con la cirugía abierta tradicional”, señala el especialista.
La castración química también conocida como terapia de privación androgénica, busca reducir los niveles de testosterona, hormona que estimula el crecimiento del cáncer de próstata. Actualmente, se indica principalmente en pacientes con enfermedad avanzada, recaída bioquímica, enfermedad metastásica o como complemento a otros tratamientos como radioterapia o cirugía.
De acuerdo con el Dr. Cadillo, el enfoque moderno prioriza una evaluación individualizada, considerando factores como la edad, el estadio del tumor, la carga metastásica, las comorbilidades y el impacto funcional del tratamiento.
“Hoy no se trata solo de controlar el cáncer, sino de hacerlo minimizando las consecuencias funcionales y preservando la calidad de vida del paciente”, enfatiza.
Cirugía robótica, un cambio de paradigma en oncología urológica
En paralelo al tratamiento médico, la cirugía robótica ha transformado el manejo quirúrgico tanto del cáncer de próstata como del cáncer de riñón. Procedimientos que antes requerían cirugías abiertas extensas ahora pueden realizarse de forma mínimamente invasiva, con mayor precisión y mejores resultados funcionales.
“En el cáncer de riñón, antes la alternativa era extirpar el órgano completo. Hoy, gracias a la cirugía robótica, podemos resecar solo el tumor y preservar el riñón, algo que era impensable hace años”, explica el Dr. Cadillo.
Esta preservación resulta clave en pacientes con diabetes, hipertensión o enfermedad renal crónica, ya que reduce el riesgo de diálisis y deterioro significativo de la calidad de vida.
El aumento en la supervivencia oncológica ha traído consigo nuevos retos. Muchos pacientes superan el cáncer, pero enfrentan secuelas funcionales derivadas de cirugías previas, radioterapia o tratamientos complejos.
En este contexto, la cirugía reconstructiva robótica ha cobrado un papel cada vez más relevante. “La cirugía reconstructiva implica reparar lo que se dañó. Antes se limitaba mayormente a condiciones congénitas, pero hoy atendemos fístulas, obstrucciones y lesiones complejas causadas por tratamientos oncológicos”, detalla el especialista.
El uso del robot permite una mejor visualización de estructuras anatómicas y vascularización, facilitando suturas en espacios antes inaccesibles y reduciendo el tiempo de recuperación.









