“Ambas técnicas demostraron ser efectivas para preservar la función renal y ofrecer alivio sostenido, sin recurrencia de obstrucción a largo plazo”. Las lesiones ureterales, en su mayoría de origen iatrogénico, pueden comprometer seriamente la calidad de vida e incluso llevar a sepsis o falla renal. Frente a estos escenarios, la cirugía reconstructiva se convierte en una decisión crítica.
Un estudio retrospectivo en Puerto Rico analizó a 14 pacientes con estenosis ureterales complejas tratados mediante abordaje laparoscópico, con un seguimiento mínimo de 5 años. De ellos, 9 fueron manejados con técnica de Boari flap y 5 con sustitución ureteral con íleon.
Los resultados son claros: todos los pacientes se mantuvieron libres de síntomas y sin obstrucción ureteral al final del seguimiento, lo que respalda la efectividad de ambas estrategias en el largo plazo.
En términos de función renal, los niveles de creatinina se mantuvieron estables, pasando de 1.3 mg/dL preoperatorio a 1.5 mg/dL a los 3 meses, sin impacto clínicamente significativo. Esto sugiere que ambas técnicas cumplen su objetivo principal: preservar la función del riñón.
A nivel perioperatorio, se evidenciaron diferencias importantes. La sustitución con íleon implicó mayor complejidad quirúrgica, con tiempos operatorios promedio de 162 minutos y estancias hospitalarias de 4 días, frente a 155 minutos y 1.1 días en el grupo Boari flap.
Pese a esto, las complicaciones fueron mínimas: solo se reportaron un íleo postoperatorio y una estenosis anastomótica, lo que refuerza la seguridad de ambos procedimientos en manos expertas.
Más allá de la técnica, el estudio resalta un punto clave: no existe una única solución, sino que el abordaje debe adaptarse a la longitud, localización y causa de la lesión. Mientras el Boari flap resulta ideal para defectos más cortos, la sustitución con íleon se posiciona como alternativa en casos más extensos o complejos.
Estos hallazgos cobran aún más relevancia en contextos con alta demanda de atención especializada, donde las técnicas mínimamente invasivas no solo mejoran los desenlaces clínicos, sino que también reducen la estancia hospitalaria y optimizan recursos.
En conjunto, la evidencia refuerza que la cirugía laparoscópica no solo es viable, sino una estrategia sólida para el manejo de lesiones ureterales complejas, con resultados sostenidos en el tiempo.
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