Cuando ocurre un terremoto, los equipos de emergencia enfrentan una carrera contra el tiempo para localizar a las personas atrapadas. En aquellos casos en los que una víctima es encontrada sin vida, comienza además un proceso de investigación forense que busca establecer su identidad y aportar respuestas a sus familiares.
La investigadora judicial y criminalista, María José Díaz Rodríguez, explica que, después del fallecimiento, el organismo comienza a experimentar cambios naturales relacionados con la pérdida de sus funciones vitales y posteriormente con el proceso de descomposición.
El ambiente puede modificar el proceso de descomposición
La evolución de los cambios post mortem depende de diferentes condiciones. Entre ellas se encuentra la temperatura ambiental.
De acuerdo con la criminalista, las temperaturas elevadas pueden acelerar el proceso de descomposición. También influyen factores como la humedad, la presencia de insectos y otros animales que forman parte del entorno.
En el caso de una persona atrapada bajo los escombros, las condiciones físicas del lugar pueden añadir otras dificultades. La especialista señala que el cuerpo puede estar sometido a presión y aplastamiento, lo que genera condiciones particulares durante la recuperación. “Cuando un cuerpo está bajo los escombros también enfrenta procesos por aplastamiento”.
¿Qué riesgos existen durante la recuperación?
La recuperación de una persona fallecida en medio de los escombros requiere precauciones tanto por las condiciones del escenario como por el manejo del cuerpo. María José Díaz Rodríguez explica que quienes participan en estas labores deben tener especial cuidado al encontrarse en un entorno donde pueden existir insectos y otros elementos que representan riesgos adicionales.
“El cuerpo humano al estar en un proceso de descomposición suelta cierto tipo de partículas que son ofensivas para la salud, en este caso de los rescatistas o de las personas que se encuentren alrededor de lugares que hayan sido afectados por el terremoto”.
La especialista también señala que el entorno puede favorecer la presencia de insectos, por lo que el manejo de los cuerpos debe realizarse con las medidas de protección correspondientes. “En el entorno en el que se encuentran estas circunstancias hay diferentes insectos que son portadores de enfermedades”.
Sin embargo, es importante diferenciar entre el riesgo para quienes manipulan directamente los cuerpos y el riesgo para la población general. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) señalan que los cuerpos de personas fallecidas por traumatismos durante desastres naturales generalmente no representan un riesgo de epidemias. Para quienes los manipulan, sí existen riesgos específicos asociados al contacto con sangre, fluidos corporales y, en determinadas circunstancias, agentes infecciosos.
Además, los equipos de recuperación enfrentan otros peligros propios de una zona de desastre, como estructuras inestables, escombros, heridas y exposición a otros riesgos físicos. Las guías de la OMS recomiendan medidas básicas de protección, como utilizar guantes y botas cuando estén disponibles, mantener una adecuada higiene de manos y limpiar y desinfectar los equipos utilizados durante la recuperación y el transporte.
Por eso, el manejo de los cuerpos después de un desastre debe combinar seguridad, identificación y dignidad, evitando tanto riesgos innecesarios para los equipos de respuesta como prácticas que puedan dificultar posteriormente la identificación de las víctimas.
El ADN: una de las principales herramientas
Entre los métodos utilizados se encuentra el análisis de ADN, que permite comparar material genético obtenido de la víctima con registros disponibles o con muestras proporcionadas por familiares. “Si la persona no lleva ningún tipo de documentación o de algún elemento que pueda identificarla, se procede a hacer una investigación por medio de ADN”.
Cuando no es posible realizar la identificación mediante ADN, otro recurso es el cotejo odontológico, que utiliza las características dentales de una persona para compararlas con registros existentes.
En una tragedia con numerosas víctimas, el proceso de identificación puede complicarse debido a la cantidad de personas que deben ser examinadas y a las condiciones particulares de cada caso. Díaz Rodríguez explica que no es posible establecer un tiempo estándar para entregar la identificación a una familia.
El período puede depender del número de víctimas sin identificar, de las condiciones de la investigación y de los procedimientos forenses disponibles. “No me atrevo a dar como un estimado porque es muy variable”.
De esta manera, detrás de cada identificación existe un proceso que combina investigación, herramientas científicas y análisis forense, con el objetivo de establecer quién era la persona y permitir que sus familiares reciban una respuesta. La ciencia forense se convierte así en una herramienta esencial después de un desastre: no solo permite identificar a una víctima, sino también aportar información fundamental para las familias que esperan conocer qué ocurrió con sus seres queridos.









