Aunque muchas personas asocian la obesidad únicamente con un incremento en el peso corporal, sus efectos van mucho más allá de la apariencia física. El exceso de tejido adiposo, especialmente la grasa visceral, provoca cambios metabólicos e inflamatorios que afectan directamente el funcionamiento del corazón y de otros órganos.
El Dr. Juan Nieves, cardiólogo especialista en fallo cardíaco, explicó que uno de los principales problemas es que esta inflamación suele avanzar de forma silenciosa durante años, aumentando progresivamente el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares. «La obesidad o el exceso de tejido adiposo, particularmente la grasa visceral en el área del abdomen, es inflamatoria. Aumenta sustancias inflamatorias que crean un estado inflamatorio crónico y provocan múltiples cambios metabólicos en el organismo».
La grasa visceral: el enemigo que no siempre se ve
El especialista señaló que la grasa visceral, la que rodea los órganos internos, tiene un comportamiento distinto al de la grasa subcutánea.
Esta produce sustancias inflamatorias como interleucinas, factor de necrosis tumoral y leptina, que favorecen el estrés oxidativo, alteraciones metabólicas y un deterioro progresivo de la función cardiovascular.
Como consecuencia, los pacientes suelen experimentar mayor cansancio, disminución de su capacidad física y un incremento en el riesgo de sufrir diversas enfermedades. «Ese estado inflamatorio provoca cambios metabólicos, estrés oxidativo y diferentes problemas que hacen que los pacientes se sientan más cansados y aumenten su riesgo cardiovascular».
Uno de los aspectos menos conocidos es que la grasa también puede acumularse alrededor del propio corazón.
Esta grasa epicárdica genera inflamación directamente sobre el miocardio, el músculo cardíaco, afectando su capacidad para relajarse y bombear sangre de manera adecuada. «La grasa también se acumula alrededor del corazón. Lo que llamamos grasa epicárdica provoca estrés oxidativo e inflamación en el miocardio y produce alteraciones en el funcionamiento del músculo cardíaco».
Según el especialista, estos cambios favorecen la aparición de insuficiencia cardíaca, especialmente en pacientes que mantienen la obesidad durante varios años.
Más riesgo de hipertensión y arritmias
La inflamación provocada por la obesidad también incrementa el riesgo de desarrollar otras enfermedades que afectan directamente al sistema cardiovascular.
Entre ellas destacan la hipertensión arterial, las arritmias, particularmente la fibrilación auricular, y trastornos como la apnea obstructiva del sueño, todos ellos estrechamente relacionados con un mayor riesgo de eventos cardiovasculares. «El 70 % de los pacientes con obesidad tiene hipertensión y sabemos que la hipertensión está directamente relacionada con el desarrollo de enfermedad cardiovascular. Además, aumenta el riesgo de arritmias como la fibrilación auricular».
El Dr. Nieves enfatizó que la obesidad debe entenderse como una enfermedad multisistémica, ya que compromete el funcionamiento de diversos órganos y deteriora significativamente la calidad de vida.
Entre las complicaciones más frecuentes mencionó el hígado graso, el dolor en las articulaciones, la disminución de la movilidad y el aumento del sedentarismo, condiciones que dificultan aún más la adopción de hábitos saludables. «La obesidad no solamente afecta el corazón; también afecta otros órganos. Los pacientes presentan dolor de rodillas, dolor de espalda, dificultades para movilizarse y una disminución importante en su calidad de vida».
La prevención sigue siendo la mejor estrategia
Ante este panorama, el especialista insistió en que el objetivo debe centrarse en prevenir la acumulación excesiva de grasa antes de que aparezcan daños irreversibles.
Reconocer la obesidad como una enfermedad crónica permite intervenir oportunamente mediante cambios en el estilo de vida y, cuando sea necesario, tratamientos médicos que reduzcan tanto el peso como el riesgo cardiovascular. «Nuestro enfoque es preventivo porque la obesidad no solo afecta el corazón, sino también la calidad de vida de los pacientes. Tratarla a tiempo significa prevenir muchas complicaciones futuras».
Comprender cómo la obesidad impacta al organismo permite dimensionar que el riesgo cardiovascular comienza mucho antes de que aparezcan síntomas como un infarto o una insuficiencia cardíaca. Para el Dr. Juan Nieves, la prevención y el tratamiento temprano continúan siendo las herramientas más efectivas para proteger el corazón y preservar la salud a largo plazo.









