Terapia temprana mejora el olfato en niños con fibrosis quística

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Iniciar elexacaftor-tezacaftor-ivacaftor a edades tempranas se asoció con menor afectación de los senos paranasales, aumento del volumen del bulbo olfatorio y una mejor capacidad para identificar olores tras un año de tratamiento.

Un año de tratamiento redujo en 25,6 % la opacificación de los senos paranasales y aumentó en 7,4 mm³ el volumen del bulbo olfatorio. Estos son algunos de los hallazgos de un estudio prospectivo que evaluó el impacto temprano de la combinación elexacaftor-tezacaftor-ivacaftor (ETI) en niños pequeños con fibrosis quística.

La investigación, liderada por la Dra. Janice J. Chung, de la Universidad de California en Los Ángeles, incluyó a 31 niños con una edad promedio de 4,8 años. Los participantes fueron evaluados antes de iniciar ETI y nuevamente después de 12 meses de tratamiento, mediante resonancia magnética de los senos paranasales y pruebas psicofísicas de olfato.

Tras un año de terapia, los investigadores observaron una reducción significativa de la opacificación sinusal del 25,6 %, junto con una disminución de 14,4 puntos porcentuales en la opacificación de la hendidura olfatoria. Paralelamente, el volumen del bulbo olfatorio aumentó y la capacidad para identificar olores mejoró en 1,3 puntos en la prueba Pediatric Smell Wheel.

Los resultados sugieren que la intervención temprana podría proteger la función olfatoria antes de que el daño se vuelva irreversible. “Dado que la literatura previa demostró una falta de mejoría de la disfunción olfatoria cuando ETI se inicia más tarde en la vida, estos resultados destacan los posibles beneficios olfatorios de comenzar el tratamiento de forma temprana”, señalaron los autores.

Sin embargo, las mejoras objetivas no se tradujeron en cambios significativos en las mediciones de calidad de vida reportadas por los cuidadores, incluidas las relacionadas específicamente con los trastornos del olfato.

Aunque el estudio fue pequeño y no contó con un grupo de control, los hallazgos aportan evidencia sobre un posible beneficio adicional de ETI en la fibrosis quística pediátrica: preservar la salud sinonasal y el sistema olfatorio desde las primeras etapas de la enfermedad. Los investigadores consideran que serán necesarios estudios más amplios para confirmar si este enfoque puede prevenir de manera sostenida el deterioro de la función olfatoria.

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