Un grupo internacional de expertos publicó el primer consenso con recomendaciones específicas para el uso de agonistas del receptor GLP-1 y GLP-1/GIP, como semaglutida y tirzepatida, en personas con diabetes tipo 1, una práctica que ha aumentado en los últimos años pese a que estos medicamentos aún no cuentan con aprobación regulatoria para esta indicación.
El documento, publicado en la revista Diabetes Technology & Therapeutics y respaldado por organizaciones científicas internacionales, reúne 35 recomendaciones orientadas a mejorar la seguridad y optimizar los resultados clínicos de los pacientes que utilizan estos tratamientos como complemento de la insulina.
Los expertos enfatizan que la insulina sigue siendo indispensable y nunca debe suspenderse, incluso cuando se observan mejoras significativas en el control glucémico.
Entre las principales recomendaciones se encuentra iniciar el tratamiento con dosis bajas y aumentarlas gradualmente, ya que las necesidades terapéuticas en diabetes tipo 1 suelen diferir de las observadas en diabetes tipo 2.
Además, el consenso destaca la importancia de ajustar cuidadosamente las dosis de insulina para reducir el riesgo de hipoglucemia, hiperglucemia y cetoacidosis diabética, una de las complicaciones más graves asociadas a esta enfermedad.
El uso de monitoreo continuo de glucosa (CGM) es considerado una herramienta fundamental para guiar los ajustes terapéuticos durante el tratamiento.
Los especialistas también recomiendan la vigilancia periódica de cetonas, especialmente durante episodios de enfermedad o cambios importantes en las dosis de insulina, debido al riesgo potencial de cetoacidosis.
El consenso señala que los principales candidatos para esta estrategia son adultos con sobrepeso u obesidad, personas que no alcanzan sus objetivos glucémicos únicamente con insulina y pacientes que podrían beneficiarse de efectos cardiovasculares y renales adicionales. En algunos casos, también podría considerarse su uso en adolescentes con exceso de peso, siguiendo criterios específicos para cada medicamento.
Los beneficios observados incluyen mejor control glucémico, mayor tiempo en rango, pérdida de peso y posibles efectos protectores cardiovasculares y renales.
Los autores subrayan que estas recomendaciones no promueven la automedicación y que cualquier decisión terapéutica debe individualizarse y realizarse bajo la supervisión de un endocrinólogo.









