En la práctica clínica, pocas condiciones son tan silenciosas y subdiagnosticadas como la depresión en el adulto mayor. A diferencia de otras etapas de la vida, su presentación no siempre es emocionalmente evidente, lo que retrasa su identificación y tratamiento.
El resultado es clínicamente relevante: una condición frecuente, pero invisibilizada, con impacto directo en la funcionalidad, la calidad de vida y la supervivencia.
“La depresión geriátrica es diferente a la que observamos en pacientes más jóvenes”, explica el Dr. William Julio, psiquiatra subespecialista en geriatría. “En estos pacientes, los síntomas somáticos y cognitivos, como dolor o problemas de memoria, son mucho más prominentes”.

Una presentación clínica que confunde y retrasa el diagnóstico
A diferencia de la depresión clásica, donde predomina la tristeza, en el adulto mayor el cuadro clínico suele expresarse a través de síntomas físicos o deterioro cognitivo, lo que dificulta su reconocimiento. “Muchos pacientes no se quejan de tristeza, sino de malestares médicos, lo que hace que no lleguen al especialista en salud mental”, señala el psiquiatra.
Esta presentación atípica también favorece la confusión diagnóstica. “Una de las condiciones que más se confunde con depresión en adultos mayores son las demencias”, explica el especialista, destacando que ambas pueden compartir problemas de memoria, aunque con características distintas. Incluso, en algunos casos, una depresión de inicio tardío puede preceder al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.
Factores de riesgo y consecuencias de no tratarla
El contexto psicosocial es determinante en esta población. “Pacientes que están solos, con múltiples pérdidas o con uso de alcohol tienen mayor riesgo”, advierte el especialista. A esto se suman cuadros con quejas físicas desproporcionadas sin correlato clínico claro, que deben levantar sospecha.
Las consecuencias de no intervenir son profundas. “La depresión en el adulto mayor afecta la memoria, la toma de decisiones y la adherencia a tratamientos”, explica el psiquiatra. Esto incrementa el riesgo de complicaciones médicas, desnutrición y deterioro funcional.
El dato más contundente es el impacto en la supervivencia: “Una tercera parte de estos pacientes, si no reciben tratamiento adecuado, podrían fallecer en los próximos dos años tras desarrollar una depresión mayor”, alerta el especialista.

Tratamiento integral y rol del entorno
El manejo actual combina estrategias farmacológicas y no farmacológicas. En casos leves, la psicoterapia puede ser suficiente, mientras que en cuadros moderados a severos se recomienda iniciar antidepresivos, particularmente inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (SSRIs). “La combinación de medicación y psicoterapia es la que ofrece mejores resultados y mayor duración en la respuesta clínica”, afirma el Dr. William Julio.
Sin embargo, el tratamiento no ocurre en aislamiento. El entorno juega un rol clave. “Involucrar a la familia, fomentar la socialización, grupos de apoyo y actividades puede marcar una diferencia significativa”.
La depresión geriátrica exige una mirada clínica más allá de lo evidente. No siempre se presenta con tristeza, pero sí deja señales: cambios conductuales, síntomas físicos persistentes, apatía o deterioro funcional. Detectarlas a tiempo puede cambiar el curso de la enfermedad.
Porque, como advierte el psiquiatra, “no siempre lo dicen, pero lo están viviendo”. Y en estos pacientes, lo que no se detecta, progresa.









