Durante años, una de las principales hipótesis sobre la desaparición de los neandertales sostenía que sus pequeñas poblaciones quedaron aisladas y sufrieron una pérdida progresiva de diversidad genética debido a la endogamia. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en Nature sugiere que esta explicación no puede aplicarse a todas las poblaciones de la especie.
La investigación analizó ADN antiguo de 27 nuevos individuos, recuperados en diez yacimientos arqueológicos del noroeste de Europa, principalmente en Bélgica y Francia. Entre ellos se obtuvo un genoma de alta calidad que permitió realizar análisis más precisos sobre la historia evolutiva y la estructura genética de estas poblaciones.
Los resultados muestran que estos neandertales, que vivieron hace menos de 70.000 años, compartían un ancestro común con otras poblaciones hace aproximadamente 54.000 años. No obstante, a diferencia de los grupos previamente estudiados en Siberia, presentaban niveles relativamente altos de diversidad genética y escasas evidencias de apareamiento entre familiares cercanos.
Este hallazgo contrasta con investigaciones anteriores realizadas en neandertales siberianos, cuyos genomas reflejaban comunidades pequeñas, aisladas y con frecuentes cruces entre individuos emparentados. Debido a que esos estudios se basaban en un número muy limitado de genomas, los científicos advirtieron que no era posible generalizar ese patrón para toda la especie.
El nuevo análisis también permitió identificar que los últimos neandertales del noroeste europeo no conformaban una única población homogénea. Por el contrario, estaban organizados en al menos cuatro grupos genéticamente diferenciados, aunque mantenían conexiones entre sí mediante el intercambio de individuos, lo que habría favorecido la conservación de la variabilidad genética.
Los investigadores proponen que esta diversificación pudo ocurrir durante periodos de clima relativamente cálido, cuando las condiciones ambientales favorecieron la expansión de las poblaciones y aumentaron el contacto entre distintos grupos. Estos procesos habrían contribuido a mantener una mayor riqueza genética en comparación con otras regiones de Eurasia.
Otro aspecto llamativo del estudio es que estos neandertales convivieron con Homo sapiens en Europa durante miles de años. Aunque los humanos actuales conservan fragmentos de ADN neandertal como resultado de antiguos cruces entre ambas especies, los investigadores no encontraron evidencia de ADN reciente de humanos modernos en los neandertales analizados, lo que indica que, al menos en esta región y periodo, los intercambios genéticos fueron inexistentes o extremadamente poco frecuentes.
Los autores destacan que estos resultados evidencian una marcada variabilidad entre las distintas poblaciones neandertales y refuerzan la idea de que no es posible explicar su extinción mediante una única causa. Factores como los cambios climáticos, la reducción del tamaño poblacional, la competencia con Homo sapiens y las diferencias regionales probablemente actuaron de manera conjunta durante miles de años.
Además de ampliar el conocimiento sobre la evolución de los neandertales, el estudio demuestra cómo el análisis de ADN antiguo continúa transformando la comprensión del pasado humano. A medida que se recuperan nuevos genomas de distintas regiones de Europa, los científicos esperan reconstruir con mayor precisión la diversidad biológica de esta especie y esclarecer los procesos que llevaron a su desaparición hace aproximadamente 40.000 años.
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